TUS PRIMEROS MINUTOS COMO MADRE


9 meses de ilusión, de sueños y expectativas.
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Un PARTO.
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Mágico, renovador, transformador, puede que largo, probablemente doloroso, quizá no como lo habías planeado, quizá no fue el parto soñado… pero es TU parto, VUESTRO PARTO.
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Ese, el que fue, es el que vas a tener toda la vida en tu memoria, el que vas a asimilar, a aceptar; el que seguramente te habrá abierto alguna herida que tendrás que sanar. Ese parto tuyo del que fuiste protagonista, aunque no lo hayas sentido así; ese parto que te transformó totalmente, del que nació tu bebé y del que también nació una nueva mujer.
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Ese viaje fantástico que será tu parto tiene, como todos los viajes, una meta, un final maravilloso con tu hijo en tus brazos, con su olor a recién nacido inundándolo todo, con todas las células de tu cuerpo derretidas de amor (gracias a la oxitocina).
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Si comparásemos tu parto con subir a una montaña, podrías pensar que la meta es alcanzar la cima, no, nada más lejos de la realidad: la cima la alcanzaste hace tiempo, cuando tu cuello uterino dilató completamente (hablaremos de eso otro día); pero la realidad cuando tienes a tu bebé sobre ti es que ya llegaste a la cima, volviste a bajar la montaña y estás en la gloria absoluta, en tu casa, recordando lo que hiciste y orgullosísima y feliz. Ese es el momento. Así es como tu cuerpo, y tu espíritu, se siente. Así es también como se siente tu niño (mismas hormonas, mismos sentimientos, mismas necesidades). Es ese momento de paz desde el que miras todo el camino recorrido sintiéndote ya segura y orgullosa. Es ese momento en que sabes que ya nada importa, que ya lo has hecho todo, que no hay nada más que hacer.
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Esos primeros minutos, o horas, donde no necesitas nada; nada más que disfrutar de tu sueño cumplido, disfrutar de tu bebé. Esos primeros minutos, o horas, donde él no necesita nada más que sentirte, olerte, escucharte.
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Si alguien interfiere, si alguien, con muy buenas intenciones, quiere saber cuánto pesa tu bebé, quiere tocarle para corroborar lo que se ve a simple vista, quiere hacerle una foto, o quiere felicitarte; sólo estará impidiéndote disfrutar de tu momento; estará rompiendo ese hechizo mágico que te mantiene en éxtasis, estará despertándote bruscamente de tu sueño. NO lo permitas. No volveréis a vivir esos momentos. NUNCA.
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No hay prisa por saber cuánto pesa, no hay prisa por cortar el cordón, no hay prisa por vestirle, ni por ponerle ninguna medicación. Todo eso se puede hacer después. Ahora estás disfrutando. Ahora estás en ese momento después de un orgasmo en que te sientes maravillosamente bien y en paz (todas hemos tenido que vestirnos corriendo después de un orgasmo, pero no es lo mismo ¿verdad?).
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Permite que tu niño te reconozca, te huela, te sienta; aprenda que aquí afuera también está seguro a tu lado. Permítete conocer a la nueva mujer que eres, fúndete con tu bebé, no pienses en nada más.
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Ya lo tienes todo. Trabajo completo. Sólo déjate llevar, deja que tu bebé te guíe para darle el pecho cuando lo necesitéis ambos, para dormiros cuando os parezca bien, para acariciaros, para oleros. Puedes dejarte llevar porque sabes que todo está bien, que estás segura, que estáis cuidados por la persona que escogiste para ese momento.
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Sea como fuere el parto, ya no importa. No importa ahora. Quizá más adelante. Ahora no. Vive plenamente tus primeros minutos. Nunca volverán. Prepara tu parto para que en ese momento mágico tengáis un guardián que sepa lo que hay que hacer. Ese es un gran regalo que os acompañará para siempre. No dejes escapar esos primeros minutos.

*imagen de Joshua Rappeneke para flickr

Equilibrio y calma para los últimos días de tu embarazo

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