Embarazo, Lactancia, Maternidad, Parto, Postparto
Eres mujer, luego puedes gestar un bebé, puedes parir, puedes amamantar y puedes criar a tu hijo. PUEDES hacerlo, te lo creas o no, todo tu cuerpo está diseñado para eso.   Hay demasiados mensajes negativos entorno a la maternidad, mensajes que nos hacen creer que lo normal son las mujeres que no dilatan, o que son demasiado “estrechas” para parir a su bebé, madres que no tienen leche, o que “malcrían” a sus hijos. Nos dicen que parir duele demasiado, que somos tontas si no nos ponemos la epidural; que amamantar es demasiado “esclavo”, y que con biberones se crían muy bien. Que no lo carguemos tanto, que no durmamos con él, que le dejemos llorar, que nos está tomando el pelo…   Tápate los oídos y ESCÚCHATE. Siéntete. Tu intuición, o tu instinto, saben lo que es mejor para ti y para tu bebé.   ¡Tu cuerpo ha creado un bebé! Tus caderas se ensanchan, tu útero ha crecido asombrosamente, tus pechos han comenzado a producir leche. ¿Cómo no vas a poder parir? Por supuesto que PUEDES PARIR, y tendrás un parto maravilloso y poderoso si sigues tus instintos.   Tu cuerpo y tu alma te hablan  
  • Ninguna mujer de parto está cómoda tumbada sobre su espalda, el dolor te avisa que eso no está bien, que necesitas moverte. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Después de 9 meses juntos no quieres separarte de tu bebé, sientes cómo que te arrancaran una parte de ti, necesitas tenerlo cerca, piel con piel, en contacto permanente día y noche. ¡Sigue tu instinto!
 
  • No soportas oírle llorar, se te parte el alma y sabes que la mejor forma de calmarlo es dándole el pecho. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Dormís mejor estando juntos. Te sientes intranquila si no sientes su respiración. Además así puedes darle el pecho sin casi despertarte. ¡Sigue tu instinto!
  A veces, es duro   El ginecólogo te dice que ya pasas las 40 semanas, que estará mejor fuera, que ya no tiene espacio. Y aunque tú sientes que todo está bien, que necesitáis un poco más de tiempo la presión y el miedo te hacen dudar.   Quieres un parto natural pero al llegar la matrona te dice que te va a doler mucho, que te lo pienses bien que luego será demasiado tarde y no te podrán poner la epidural. Que aún queda lo peor. Que vas a ser igual de buena madre, no hace falta hacerse la valiente. Y a ti te apetece llorar.   Ves a tu bebé por primera vez, es maravilloso. Sólo quieres sentirlo, mirarlo, olerlo. Estás totalmente enamorada y emocionada. No existe nada más. Y llega el pediatra, que tiene que llevárselo para valorarlo. No quieres. No quieres separarte de él. Y esta vez lo dices bien claro, pero te miran varios ojos acusadores, y viene la culpa, y otra vez tienes ganas de llorar.   Por fin en casa, por fin en intimidad, necesitas perderte con él días enteros en la cama, sólo amamantando y durmiendo, durmiendo y amamantando. “No está bien que no salgan, a ver si se va a deprimir”. “Ese niño necesita que le de el sol”. “Mejor me lo quedo yo unas horas, que tú necesitas despejarte y descansar”. “Ponlo en la cuna, le vas a aplastar”. “Cada vez que llora le das teta, eres su chupete”.   Todas esas situaciones son demasiado habituales. Rodéate de gente que piensa como tú: mujeres que han parido de manera natural, madres que dan el pecho, matronas que saben acompañar sin intervenir, pediatras respetuosos, doulas, grupos de lactancia… Busca tu tribu, créala, y ¡sigue tu instinto!  
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Parto
Ya sabes lo que te aporta un Parto Positivo como experiencia en sí misma. Basándote en experienc ias propias o de otras mujeres, y también apoyada en tu intuición, sientes que lo mejor para ti y tu bebé es un Parto Positivo (libre y respetado). Pero vamos a profundizar un poco: ¿por qué es importante realmente tener un Parto Positivo?
El Parto es un acontecimiento vital en la vida de cualquier mujer.  Si éste se desenvuelve de manera positiva estamos obteniendo una sensación de autocontrol y de apoyo social que reducirá el riesgo de padecer un síndrome de estrés postraumático. Aunque no lo creas los estudios señalan que afecta al 1,5%-6% de las puérperas, pudiendo presentar el trastorno incompleto hasta un 30% de las mujeres que dan a luz (fuente El Parto es Nuestro).
Revistas, televisión, internet, incluso libros, presentan el parto como un evento doloroso y horrible, creando el miedo y la ansiedad con los que muchísimas mujeres conviven durante el embarazo.
Son precisamente estos dos sentimientos, el miedo y la ansiedad, los que han demostrado aumentar las probabilidades de sufrir estrés postraumático, además de aumentar las tasas de cesáreas. Así es, aunque te parezca que no tiene nada que ver, si llegas al parto con miedo y ansiedad estadísticamente tendrás más probabilidad de acabar en cesárea! Y como ya sabes una cesárea conlleva riesgos asociados, entre ellos más tasas de depresión postparto y estrés postraumático…
Entonces vayamos a lo importante: ¿qué podemos hacer para acabar con el miedo y la ansiedad?
Una buena preparación para el parto y la certeza de conocer a otras mujeres que han parido de forma positiva hacen que el miedo disminuya y la confianza en tu capacidad de parir aumente significativamente (esto está estudiado científicamente y demostrado: N. Lowe 1991).
Explicado de manera sencilla: si crees que eres capaz de parir, hay más posibilidades de que lo consigas. Si tus expectativas en cuanto al parto son negativas, tienes más probabilidades de no encontrarte bien emocionalmente durante el postparto.
La información, escuchar o leer otras historias de parto positivas, saber qué pasa en tu cuerpo durante el parto y por qué, sentirse acompañada y apoyada, que respeten tus decisiones… todo esto provoca que, independientemente de cómo sea tu parto, lo vivas como una experiencia positiva. 
Dar a luz es un evento que cambiará tu vida: la atención que recibas durante el embarazo y el parto tiene el poder de influir en tu estado físico y emocional, a corto y largo plazo, y también en la salud de tu bebé. Rodearte de profesionales con los que tengas buena comunicación, que sientas su apoyo y respeto, te ayudará a parir  de forma positiva y con confianza.
¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando vivimos un Parto Positivo?
Cuando llegamos al parto sin miedo y con confianza segregamos naturalmente oxitocina: hormona del amor, la hormona que produce las contracciones de parto, la hormona que hace posible el vínculo con nuestro bebé y el éxito en la lactancia materna (y la misma hormona, por cierto, que segregamos las mujeres durante un orgasmo).
Sin embargo el miedo segrega adrenalina, hormona del estrés, que actúa contra la oxitocina y otras hormonas del parto.
¿Dónde puedo encontrar un Parto Positivo?
Sabrás que estás en el lugar adecuado si te sientes rodeada de profesionales que te apoyan, donde puedas acceder a información que se centre en experiencias positivas, donde encuentres que el conocimiento te da poder y te aleja del miedo.
No te conformes con algo con lo que no te sientes identificada, sólo sigue a aquellas personas con las que te sientes cómoda, con las que sabes que vas a estar bien, con las que te sientes segura.
*Texto inspirado por Possitive Birth Movement, movimiento del cuál formo parte como facilitadora del Parto Positivo. 
 
 
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Parto
Positive Birth Movement (Movimiento por un Parto Positivo), es un proyecto nacido en Inglaterra y que se está extendiendo por todo el mundo.
Busca extender la positividad en el parto a través de una red mundial de grupos de nacimiento, desafiando la actual epidemia de negatividad alrededor del parto.
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Como no podía ser de otra manera, me uno al movimiento, y desde Entre Barrigas pongo mi granito de arena para extender esta positividad por el mundo hispanohablante.
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¿Qué significa Nacimiento Positivo?

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Un parto positivo es aquel en el que la mujer siente que tiene libertad de elección, acceso a información precisa, y control,poder y respeto. Un parto al que se aproxima, quizá con algo de nerviosismo, pero sin miedo ni temor, un momento que va a disfrutar, y que recordará con cariño y orgullo.
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Un parto positivo no tiene que ser “natural” ni sin medicinas, es simplemente informado desde la positividad en lugar de desde el miedo. El movimiento por un parto positivo está centrado en la mujer y respeta sus derechos de elegir dónde y cómo tener a su bebé. 
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Puedes parir de forma positiva en el hospital o en casa, con o sin intervenciones médicas. Puedes tener una cesárea positiva, o un parto en agua en tu casa de forma positiva. Un parto positivo es acercarse al parto de manera realista, teniendo libertad de elección, y sintiéndote poderosa por esa experiencia.
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El movimiento por un parto positivo cree que la comunicación es la llave para revolucionar el nacimiento. Uniéndonos, en la vida real y online, y compartiendo experiencias, sentimientos, conocimiento y sabiduría, las mujeres podemos recuperar el parto. 
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Así que desde aquí te animo a compartir conocimientos, energía y positivismo. Desafía la cultura del miedo que rodea el nacimiento y empodérate para acercarte al parto de forma diferente.
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Comparte para llegar a todas las mujeres posibles, ¡vamos a revolucionar el nacimiento!
 
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Parto
Según se pasan las 40 semanas la angustia va en aumento, la sombra de la inducción no te deja dormir, cada visita al ginecólogo te pone nerviosa… ¿te suena? Así es como se sienten muchas mujeres embarazadas en cuanto pasan su fecha probable de parto. Un embarazo estupendo, deseos de un parto natural pero… ¡parece que el peque no quiere salir! ¿Es para asustarse? ¿Realmente es un riesgo pasarse de las 40 semanas? Compartiré contigo tres datos clave para que tú misma lo valores: 1. Aproximadamente un 25% de mujeres dan a luz pasadas las 40 semanas. La gráfica de partos según edad gestacional es más o menos así:
Gráfico: Partos según la semana de gestación. Datos: Fuente: Movimiento Natural de la Población 2010 partos, Instituto Nacional Estadística
2. Todos los organismos internacionales, basándose en los estudios científicos, concluyen que el parto es igualmente seguro en la semana 40 que en la 42. Es a partir de la 42 donde los riesgos van aumentando, aunque los estudios no tienen respuesta de si estos riesgos superan a los de una inducción. 3. El supuesto riesgo de una gestación prolongada (más allá de la semana 42) es que la placenta envejezca y deje de propiciar el alimento y oxígeno al bebé intraútero, produciendo sufrimiento fetal. Hay herramientas para predecir esta situación, como el conteo de los movimientos del bebé, monitoreando la frecuencia cardíaca fetal durante una contracción o haciendo una ecografía doppler para comprobar que la placenta sigue funcionando correctamente. Si te estás acercando a la semana 42 y tienes una fecha para la inducción, pronto te contaré algunos métodos que te pueden ayudar a propiciar el inicio del parto de manera natural. ¿En qué semana diste a luz? ¿Te provocaron el parto? ¡cuéntame!  
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Parto

Elena me ha enviado la historia de su parto. La comparto con vosotras porque me ha gustado mucho lo real que se siente, es un relato de parto con el que muchísimas os sentiréis identificadas.


Os dejo con sus palabras:



“Ya habían pasado 41 semanas desde aquel 21 de Agosto cuando descubrí que iba a ser mamá. Lo recuerdo como un periodo de mi vida en el que era realmente feliz , sin importar las pequeñas molestias físicas que acarreaba. 
A pesar de no tener ningún síntoma de inicio de parto, el 13 de Mayo, mi marido y yo ingresábamos para dar la bienvenida a nuestro bebé. Nerviosos e ilusionados paseábamos por la planta del hospital escuchando llantos de bebés y viendo sonrisas de papás…
Pasaron las horas y tras ponerme dos geles para que “ ablandase el cuello del útero ”sin tener resultado, el 14 de Mayo a las 7:00 me colocaron un sensor en la cabecita del bebé, un monitor en mi tripa y un gotero con oxitocina para empezar la inducción del parto. Fueron unas horas intensas, por así decirlo, hasta que a las 13:00 las matronas me recomendaron que pusiera la analgesia epidural, ya que el proceso estaba siendo largo y cansado. No estaba en mi mente esta opción, por miedo a que se alargase más y fuese un parto instrumentalizado, pero era consciente de que cada vez que incrementaban el ritmo de la oxitocina el dolor aumentaría, y en mi caso la dilatación estaba siendo muy lenta. Un amable y gran anestesista, con la ayuda de la matrona y una amiga celadora, me la colocó sin haberme dado cuenta, y en media hora aquel dolor empezó a cesar sin dejar de sentir las contracciones. 
La tarde se hizo larga, pero con la ayuda de mi marido y los consejos de la matrona del centro de Salud, estaba tranquila y concentrada. A las 21 horas empecé a sentir una sensación de “peso en la vagina”, me exploró la Ginecóloga y me dijo que ya estaba lista para traer a nuestro bebé. Ahora si que comencé a ponerme nerviosa y miedosa sobre todo, el gran momento ya estaba cerca. Me pasaron al paritorio a las 21:30, empezó el expulsivo y tras cuatro contracciones con sus correspondientes empujones , en las cuales sentí perfectamente salir la cabeza, un hombro, el otro y el resto del cuerpo.. a las 21:35 pude tener en mis brazos a nuestro hijo Aitor. Nuestros ojos no daban abasto con las lagrimas , fue una mezcla de tantos sentimientos encontrados, que hizo de aquel momento, el más feliz de nuestras vidas. 
Peso 3.800 gr y midió 52 cm. A los 20 minutos de nacer, ya vestido cuando estábamos de vuelta en la sala de dilatación, se cogió al pecho sin dificultad y a día de hoy con 27 meses seguimos disfrutando de la lactancia materna… “un regalo para toda la vida”, para la suya y la mía.
Te quiero mi piesquín.”

Gracias por confiar en mi, Elena, y cuenta con toda mi ayuda y apoyo para seguir con una maternidad y lactancia felices y conscientes.


 

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Parto
Otro bebé feliz en brazos de su mamá… Qué afortunada me siento de haber descubierto mi profesión, ser matrona es la profesión más bonita del mundo!! Ha nacido Chloé, y yo me siento parte de esta alegría que nos inunda cuando nace un bebé, cuando nace una madre. Estuve acompañando el embarazo de Chloé desde la distancia, a pesar de estar en distintos países, a pesar de la diferencia horaria, pudimos conectar (gracias Skype, gracias whatsapp!) y trabajar juntas todas las dudas, los miedos, las inseguridades que a veces empañan un embarazo totalmente pleno y feliz. En cada sesión de skype me despedía satisfecha de haber podido proporcionar un poquito de tranquilidad, de haber mostrado las herramientas que tenemos para parir. Conforme pasaban las semanas y la barriga crecía también vi crecer la seguridad, las ganas de parir, la confianza. Hablamos de lactancia, de dolor y de contracciones, de sentimientos. Y el día que Chloé nació su mamá me escribió un brevísimo relato del parto, que con su permiso transcribo porque me hace sentirme orgullosísima de haber ayudado a que haya otro bebé feliz en brazos de su mamá… “Ya ha nacido Chloé!!!! El parto increíblemente bien, gracias a tiiii!!!! muy bien!!!muy contenta porque ya come teta!!! Y yo me encuentro muy bien. Durante el parto yo me decía, una menos! Venga, que lo estamos haciendo muy bien! Y cuando ya no aguanté más, pedí epidural y justo rompo aguas yo solita, y de ahí me pusieron epidural y me dijeron que estaba de 4,5 cm y al cabo de una hora o así de 10, y nació con tres empujoncitos! Y yo creo que en gran parte porque me enseñaste a respirar, empujar, y relajarme, y desde que empezaron con la oxitocina estuve de pie, bailando, con la pelota… En verdad, no sabes cuán agradecida te estoy, es como si hubieras estado aquí. “ Ahora seguimos con las dudas del postparto vía whatsapp 😉 Me siento feliz de haber encontrado una vía para combinar mis dos pasiones: acompañar la maternidad de otras mujeres sin descuidar la mía, desde mi casa, con mis niños.
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Parto

Las posiciones que adoptamos durante la dilatación pueden influir negativa o positivamente tanto en el dolor como en el progreso del parto. 


Imagen vía keungzai.com


Cuando tenemos libertad de movimiento instintivamente escogemos la mejor postura: aquella en que sentimos menos dolor y que además es la más óptima para el bebé- 

Gracias a las hormonas del parto las mujeres nos deshinibimos y nos conectamos más intensamente con nuestro cuerpo, pudiendo adaptar la postura en cada momento según lo necesitemos.

Si imaginamos la pelvis como un “tubo” por el que el bebé tiene que descender para nacer, debemos pensar que este tubo no es igual por todas partes, sino que tiene diferentes curvaturas y diámetros por los que el bebé tendrá que ir adaptando su postura para pasar a través de ellos.
A medida que la dilatación va avanzando, la cabeza del bebé va descendiendo y de forma instintiva las mujeres adoptan diferentes posturas para facilitarle el paso al bebé. El dolor nos ayuda a saber dónde está el bebé en cada momento y cuál es la mejor postura para ayudar al parto.


Iremos analizando cada postura en los próximos días.

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Embarazo, Parto
¿Quién debe acompañarme en el parto? ¿una matrona?, ¿una doula?, ¿un ginecólogo?, ¿un pediatra? ¿y mi pareja? ¿mejor todos? ¿o ninguno? Basta ya de la guerra entre “profesionales del parto”, las mujeres tenemos derecho a decidir por nosotras mismas, y no podemos permitir que alguien externo (sea un juez o sean las redes sociales) decida quién debe asistirnos en el parto. ¿En serio, mujeres del mundo, os importa si es intrusismo que un ginecólogo imparta clases de preparación al parto? ¿De verdad es importante si una mujer que te da confianza y apoyo y con la que te sientes que más tranquila para enfrentar tu parto tiene un título universitario? ¿A alguna embarazada le importa si la matrona que está dándole ese maravilloso masaje lumbar que le está aliviando los dolores ha hecho un “curso oficial de masaje para embarazadas” o no? No dejemos que nos sigan vendando los ojos, no somos tontas, sabemos quién está capacitado para ayudarnos y quién no. No dejemos que un título nos imponga, ni tampoco que la ausencia de uno nos asuste.  Y ante tanta tontería de periodistas, de matronas, de doulas y de ginecólogos alcemos la voz, mujeres, y callémosles a todos: no me importan las batallas sociales, ni las profesionales, me importan las batallas por la libertad, por mi libertad de decidir quién estará a mi lado en MI parto, y quién no. Y soy yo, como mujer, la única que puedo decidir esto: no un juez. Si estás embarazada o planeas estarlo, y te asaltan las dudas acerca de con quién pasar el momento más importante de tu vida, ¡felicidades! ese es el primer paso para tomar responsabilidad de tu cuerpo: tener dudas y buscar información para poder decidir. Personalmente no me importa en absoluto el título o no título de la persona que me acompañe en el parto, pero sí me importan las siguientes cuestiones: 1. Si quien tienes enfrente duda de la capacidad de las mujeres para parir, continuamente hace referencia a que necesitas ayuda, a que necesitarás ciertos medicamentos, o ciertas técnicas, o que necesitarás que te digan cómo colocarte, o cuándo pujar… Esta persona no está cualificada para acompañar tu parto normal. Las mujeres sabemos y podemos parir, así lo llevamos haciendo desde los principios de la humanidad. Y lo único que necesitamos es alguien que esté presente para detectar si hay algún problema. 2. Si la persona que estás planeando te acompañe no quiere hablar de posibles problemas o riesgos,  insiste en que todo irá bien pero no profundiza más allá, no responde a tus preguntas de posibles patologías en el parto o te responde con palabrería que no comprendes… ¡ciao bambino! Necesitamos a alguien que confíe en la capacidad de parir de la mujer, cierto, pero también que sepa cuándo algo no va bien, que sepa qué hacer y tenga experiencia.  3. Si insiste en que no busques información por internet “porque ahí se puede encontrar de todo”…¿Estamos locos? Internet es una de las mejores herramientas que tenemos a nuestro alcance. No somos tontas, sabemos utilizar la tecnología, podemos discernir páginas serias de las que no lo son, eabemos distinguir estudios científicos de simples opiniones. La información está a nuestro alcance, si alguien te dice que cuanto menos sepas mejor, o pretende que sólo te guíes por sus propias opiniones, no sigas escuchando. 4. “¡No a la epidural!” “¡Para ser una verdadera madre hay que sufrir!” o ¡”Eres masoca si no te pones la epidural!” “¡Esa moda de sufrir porque sí es una tontería!”.  Huye de los extremismos, sean de la clase que sean. Más bien huye de quien pretenda decirte lo que debes hacer en lugar de informarte de las opciones y dejar que tomes la decisión. 5. Experiencia: ¿cuánto tiempo, dónde y cómo ha acompañado partos? ¿estadísticas de partos normales, cesáreas, fórceps? ¿estadísticas de episiotomías? ¿qué problemas se ha encontrado en los partos que ha atendido? ¿cómo los ha resuelto? 6. Y lo más importante: ¿cómo te sientes cuando estás con esa persona? ¿puedes plantearle tus dudas y te quedas satisfecha con sus respuestas? ¿te sientes intimidada y no te atreves a decir claramente lo que quieres? ¿sientes que tú estás tomando decisiones y responsabilidades o las están tomando por ti? Hazle muchas preguntas, todas las que sean importantes para ti. Si sientes que te está “obligando”, que te está metiendo miedo, o que para él sólo hay una forma correcta de hacer las cosas, no es el adecuado para acompañar tu parto. Pero si te informa de las opciones para que tú puedas decidir, si su forma de trabajar va acorde a lo que tu quieres, si te sientes confiada y segura de que sabrá actuar y no actuar cuando sea necesario…. ¡Debería importarte un comino si es matrona, ginecólogo, partera, doula o pediatra! Digo yo, vamos, que esto al fin y al cabo es mi opinión informada, ahora te toca a ti: ¡infórmate y decide!
 
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Parto
“Todos nos merecemos ser recibidos con amor”. Leo en un titular de facebook de una página amiga: Parto en casa en Galicia, unas fantásticas matronas gallegas que acompañan nacimientos en casa.
Y la frase me hace reflexionar, ¿es importante cómo llegamos a este mundo? Claramente influye en las primeras horas de vida del bebé, también de la mamá; pero, si tiramos del hilo… ¿hasta dónde llega?
Pondré de ejemplo mis partos, ambos bebés han nacido en mi casa, acompañados de las personas que yo elegí: las personas que más amo en el mundo (mi pareja, y mi hijo mayor en el nacimiento de su hermanito), y las personas que en ese momento me daban tranquilidad (el profesional que me asistió el parto fue un ginecólogo con mi primer bebé y una matrona con el segundo; y una gran amiga a la que mis hijos adoran para atender a mi niño mayor mientras nacía su hermano).
Mis niños decidieron cuándo nacer (ambos en la semana 39), y cómo hacerlo (no hubo nada externo que les metiera prisa, ninguna medicación que les afectara, sólo mi cuerpo y el suyo que supieron cómo hacer el trabajo de parto de la mejor manera para ambos). Fueron recibidos desde el primer segundo por sus padres, nadie les separó de mi, tuvieron el contacto y el pecho que necesitaron, que necesité yo también. Apenas lloraron, y cuando lo hicieron se calmaron con el contacto o con el pecho.
Puedo imaginarme cómo mis partos podrían haber sido totalmente distintos si hubiera estado en un entorno que no nos respetara: quizá hubieran cohibido mis movimientos, pues durante las contracciones mi cuerpo de manera casi involuntaria se retorcía y obviamente esos movimientos no serían compatibles con una máquina que emitiera un molesto pitido cada vez que no fuera capaz de detectar la frecuencia cardíaca del bebé.
Probablemente me hubieran instado a no gritar, lo cual unido a la inmovilidad hubiera desencadenado en un dolor insoportable. Entonces me habrían animado a utilizar anestesia.
Aunque creo que no la hubiera utilizado ni siquiera en esas condiciones, para cuando mi bebé estuviera preparado para nacer estaría agotada, agotada de luchar contra la inmovilidad, contra el dolor, contra la sumisión.
Y aún me esperaría lo más difícil: tumbarme sobre mi espalda, con las piernas abiertas y quietita, oyendo cómo alguien que no está sintiendo lo que yo trata de imponerme cuándo empujar y cuándo no…
 ¿Cómo se puede soportar eso en el momento en que tu cuerpo está viviendo las sensaciones más intensas que nunca has podido imaginar?
¿Cómo, cuando lo único que quieres es incorporarte, y dejarte llevar por los pujos?
¿Cómo, cuando necesitas sacar toda esa fuerza que sientes y de tu garganta simplemente salen sonidos que se escapan a tu control?
¿Y si cuando por fin llega el momento del placer, del éxtasis que supone abrazar a tu bebé, tocarlo, impregnados ambos el uno del otro viene alguien y se lo lleva? No quiero ni intentar escribir lo que sentiría, por suerte no he tenido que vivirlo.
Hasta aquí mis sentimientos, los de madre, en un parto no respetado. Me cuesta pensar en el bebé. Un bebé que durante el parto está fusionado con su madre, que siente como propio lo que su madre siente (todas las hormonas fluyen al bebé), y que en el momento final, cuando por fin sentirá el pico de oxitocina (que es la hormona del amor, la que nos hace crear el vínculo, la unión mágica entre madre e hijo) llega alguien a robarle ese momento.
Un bebé que llorará porque sufre, que en lugar de oxitocina, en lugar del calor de su madre, en lugar de calostro, tiene adrenalina (la hormona del miedo), tiene soledad, manos de látex que lo exploran en lugar de caricias de amor.
¿Hasta dónde quedan impregnados en su ser esos primeros instantes?
¿Hasta dónde llega la herida de una madre obligada a anular todos sus instintos?
Luchar por tu parto es luchar por el amor, el amor que necesitan todos los bebés para llegar al mundo, el amor que necesitan todas las madres para recibir a sus hijos.
Y acabo con la tan famosa frase del obstetra Michel Odent:
“Para cambiar el mundo debemos cambiar primero la forma de nacer”.
 
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Embarazo, Parto, Postparto
¿Qué significa la palabra consciente? No es más que saber, o sentir, lo que está sucediendo en nuestro cuerpo y en nuestra mente en este viaje de la maternidad. Aceptar q la maternidad nos transforma, y poner nuestras expectativas y creencias sobre la mesa, para discernir cuáles de ellas son realistas y válidas para nosotras. El embarazo, el parto y la maternidad en sí misma transforma nuestro cuerpo, nuestra forma de pensar, de relacionarnos… trastoca toda nuestra vida, y hacernos conscientes de que ya no seremos las mismas puede ayudar, y mucho, a vivir con calma toda estos procesos. Cualquier momento es bueno para revisar creencias y desterrar mitos, pero para mi el momento ideal es el segundo trimestre, ya pasan los miedos en torno a la viabilidad del embarazo, ya nos encontramos mejor y estamos menos cansadas que en los primeros meses. El tercer trimestre podemos reservarlo para pensar en el parto. Ahora, en el segundo trimestre, aprovechad para la conexión, con vuestro cuerpo y con el bebé. Y también con vuestra pareja, porque esa es otra de las cosas que cambian, y mucho, con la maternidad, la relación de pareja. Volviendo a las expectativas: durante el embarazo nos venden cremas para que no nos salgan estrías, fajas postparto para estar estupendas, multivitamínicos para seguir con nuestra vida habitual. Hay cremas reductoras especiales para el postparto, y en las revistas nos dan consejos para recuperar nuestra vida sexual después del parto (q no te engañen, si tu vida sexual no es la misma tras tener un bebé NO tienes un problema, más me preocuparía si acabo de ser madre y todo sigue igual). Nos imponen unos estándares que ninguna mujer somos capaces de cubrir, así que por favor, has de saber que: crecerán tus pechos, tus caderas y tu barriga, puede que te salgan estrías por estas zonas, la melanina se incrementa durante el embarazo, así que quizá te salgan manchas en la cara o en el escote que no desaparecerán con la crema milagrosa que te venden. Engordarás unos cuantos kilos y probablemente tardes en bajarlos más de lo que tardaste en cogerlos. Y ahora, por favor, haz un STOP en tu mente, olvida los cánones de belleza absurdos y piensa en tu madre, ¿la necesitabas perfecta? ¿siempre arreglada y sin kilos de más? ¿O simplemente la necesitabas? Seguro que te parecía la mujer más guapa del mundo, y no importaba que se le hubiera caído el pelo a puñados en el postparto, te encantaba peinarla o acariciarle el pelo. Ahora tienes algo más importante que ser mujer-revista, tienes el papel más importante de tu vida: ser madre. Olvida a las modelos y siéntete guapa como estás. No digo que no saques un huequito para cuidarte, por supuesto hazlo, cómprate ropa con la que te sientas bien y cremas para mimarte si eso te gusta, pero hazlo por ti, por vosotros, no porque la sociedad lo imponga. Segundo punto a revisar: vida de pareja, vida social,… es decir, lo que era tu vida antes. Ya no será así. No podrás tener citas ni momentos románticos, no serás la mejor en tu trabajo ni llegarás a tiempo a todas las reuniones, faltarás a las cenas con tu grupo de amigas y por supuesto pasará mucho tiempo hasta que vuelvas a bailar en la disco. Ser madre te cambia la vida, y no es una frase hecha. Quizá todavía pienses que tu vida no va a cambiar, quizá cuentes con mucho apoyo familiar con quien piensas dejar al bebé los momentos en que “necesites” ser la de antes, pero no funciona así. Ser madre no es una parcela de tu vida que puedas dejar en pausa y continuarla cuando vuelvas. Tu hijo te necesitará a ti y sólo a ti, serás insustituible para él, y te darás cuenta de que tú también le necesitas. Porque te sentirás vacía si no estás con él. Porque tú también llorarás cuando le dejes con los abuelos o en la guardería. Porque en el trabajo estarás pensando en si estará o no comiendo bien sin ti. Porque las noches ya no serán para dormir plácidamente. Porque si miras bien adentro de ti, sentirás lo que sentimos muchas madres: mi lugar es estar con mis hijos, esa es mi vida ahora, el resto puede esperar. Y tu vida social se convertirá en tu relación con tu bebé, con tu niño: vivirás la relación más intensa que has tenido jamás. El amor incondicional que sentiréis el uno por el otro te hará llorar, te hará reír, te hará suplicarle a un bebé de meses, te removerá tanto por dentro que te quedarás sin respiración si sientes que sufre… Así que por nada del mundo dejarás que sufra si sigues tu instinto: no podrás dejarle llorar, por mucho que te digan que eso es lo mejor para él, que sino le mal acostumbras. Algo dentro de ti te dirá que no es posible que sea bueno para nadie sufrir, ¿verdad? Tu no podrás ser supernanny con tu hijo, porque no es una cuestión de causa-efecto, la relación de un niño con su madre implica mucho, remueve mucho en ambos, y demostrando respeto y amor le estamos enseñando mucho más que castigándole para que “aprenda” la lección que sea. Así que hazte consciente de tu maternidad: te animo a que revises tus creencias, a que planees cómo quieres entrar en el mundo de las madres, porque no hay marcha atrás. Serás la guía para tu hijo desde el momento en que nace, incluso ya desde el útero él siente lo que tu sientes. Tú decides qué es importante en tu vida, y en la vida de tu hijo. Revisa bien adentro de ti. Suerte.
 
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Parto

Estrenamos sección en Entre Barrigas en la que vosotras y vuestros bebés sois los protagonistas. Los relatos de parto sirven a las futuras mamás para imaginar cómo será su parto, para ver qué quieren y qué no, para descubrir dudas sobre las que informarse… y a las que ya hemos sido madres nos ponen la piel de gallina al rememorar nuestras propias historias, incluso nos animan a escribir nuestro parto. ¿Te apetece contárnoslo? Escríbeme: entrebarrigas@gmail.com Estamos deseando leer tu historia.


Nuestra primera historia es la de Tristán y su mami, seguro que os removerá un poquito a las que también pasasteis por una cesárea, seguid leyendo:


“Tuve un embarazo algo movidito porque en la semana 9 empecé a sangrar débilmente pero diariamente. Me dieron la baja y estuve manchando 7 largas semanas. Fui hasta en 3 ocasiones a urgencias con sangrados abundantes, pero en la valoración siempre se escuchaba latido, así que vuelta al reposo.

En la preparación al parto nos hablaron del plan de parto y decidimos escribir uno. En él especifiqué que no quería cesárea, pero que si tuviera que ser así mi pareja me acompañaría o en su defecto mi madre. También puse que no me durmieran entera ni me ataran los brazos. Pedí que mi hijo siempre estuviera acompañado de su padre o de su madre y poder concerle en la intimidad, solo junto a mi pareja. También indiqué que quería epidural. Quería que mi pareja cortara el cordón umbilical. De todo lo que puse lo más importante para mí era estar en todo momento con mi hijo y que no me durmieran entera.

Me puse de parto un día después de salir de cuentas. Por la mañana estuve haciendo recados y después de comer fui a echarme la siesta pero no me encontraba muy bien y ahí empezó todo. Al principio no tenía claro si estaba de parto, o me había pasado comiendo. Cuando ya fue evidente me fui a la ducha y después empezamos a cronometrar las contracciones. No eran regulares… podía tener cada 5 minutos, cada 3… y el tiempo entre ellas era casi nulo, así que llamé a mi madre para que nos llevase al hospital. El trayecto es corto pero no sabía que había tantos baches hasta llegar… los dolores eran bastante fuertes, después de pasar por recepción… por el triaje… me dijeron que fuera andando porque era mejor para mi. Tuve que parar dos o tres veces, cada vez que me venía una contracción. Me ingresaron sobre las 16 horas.

Me ayudaba que mi pareja me sujetara de las manos, me recordaba que tenía que respirar pero en esos momentos olvidé completamente las respiraciones que nos enseñaron en las clases preparto… mi pareja dice que le destrocé las manos… recuerdo que me hacia preguntas mientras tenía una contracción y sentía mucha impotencia de no poder responderle. Le pedí que no me preguntase en esos momentos pero alguna vez volvió a hacerlo y pasada la contracción se llevó alguna mala contestación.

En la primera exploración me dijeron que estaba de 4 cm de dilatación. El tacto me molestó bastante y fui algo grosera al decir que sacaran de ahí la mano!! No sé si era médico o matrona la persona que me atendía, pero intentó calmarme diciéndome que estaban allí para ayudarme. Me pusieron una vía y pasamos a otra sala donde estaríamos solos mi pareja y yo mientras dilataba.

En este momento me pasaron los papeles que tenía que firmar para ponerme la epidural… Confieso que no los leí… Le dije a mi pareja que firmase y lo entregase rápido.

Entonces vino el anestesista y cuando me dijo que tenía que sentarme en la cama con el culo al otro extremo y las piernas estiradas me pareció un mundo conseguirlo. Me pinchó y no me dolió nada, quizá sentí presión, nada más.

Enseguida noté sus efectos y me relajé. Seguía tiendo molestias y notando las contracciones, pero al rato dejé de sentir completamente y dejé de poder mover mi pierna izquierda. La ilusión de saber que ya iba a ver y abrazar a mi hijo era lo único que pasaba por mi mente 

Me rompieron la bolsa de las aguas, y me dolió mucho. Solté un “joder” o algo parecido, y la ginecóloga que me lo hizo me miró tan mal que hasta me disculpé.

La nueva matrona que me asistía fue muy amable con nosotros. Leyó detenidamente nuestro plan de parto. 

Fui dilatando un centímetro por hora. Venían mucho a verme y hacerme cambiar de postura porque mi bebé no bajaba… No se movía… Me dijeron cuando estaba de 9 cm que me iban a poner oxitocina para ver si el bebé se despertaba y bajaba. 

Como seguía sin moverse le sacaron sangre de la cabecita estando aún dentro de mi para ver que estaba bien o iríamos a cesárea. Nos dijeron que estaba bien y volvimos a la sala de dilatación.

Cuando ya estuve de 10cm me dijeron que esperaríamos 2 horas más antes de ir a expulsivo, tuve pocas sensaciones de tenerle encajado.. algunas pero muy pocas. Cuando fuimos a paritorio tenían que indicarme cuándo venia una contracción y tenia que empujar porque yo no lo notaba. De hecho la pierna izquierda se me durmió entera.

Al ver que por más que empujaba no salía la ginecóloga, esa que no tuvo ningún tacto conmigo, se subió a mi barriga y empujó.. No pidió permiso… No me explicaron nada… No sabia qué era lo que estaban haciendo, pero no indicaron que me la habían practicado en el informe de parto.. Si vuelvo a tener que parir no dejaré que lo hagan de ninguna manera. Estando ya en casa leí que lo llaman la maniobra de kristeller, y es peligroso para el bebé y para mí. No entiendo cómo un profesional puede hacer algo así… sin explicaciones… sin consentimiento.. No quiero pensar en qué hubiera pasado si hubiera hecho daño a mi hijo…Ni con esos empujones a mi barriga mi bebé salió así que al final fue cesárea.. Algo que puse que no quería en mi plan de parto, aunque puse que si era necesario mi pareja estaría conmigo en todo momento… No fue así…

Sí especifiqué que no me durmieran entera, que no me ataran los brazos y que mi bebé estuviera acompañado por uno de sus padres en todo momento, y que ante todo quería hacer piel con piel con el bebé. Esto sí me lo respetaron. Cuando le sacaron de mi fueron a una sala contigua a lavarle, por eso de haberse hecho caquita en el liquido amniótico, y Ruben, su papi, estuvo con él. Yo podía verles.

Mientras me cosían me lo pusieron encima, no pude ofrecerle la teta por la tela que ponen para que no veas el campo quirúrgico. Y durante las dos horas en reanimación sí le puse, pero esas horas no las tengo muy retenidas en mi memoria, aunque en ningún momento me dormí.


Di a luz a las 4:44 horas y sobre las 7 me subieron a planta. Allí estaban mis padres y mi suegra. Tengo vagos recuerdos de ver cómo le cogían. Luego ellos se fueron a dormir.. Yo no pude porque las visitas empezaron enseguida, era domingo y fue un día de lo más agotador.

Yo soy una persona que me encanta la familia y estaba deseando presentarles a mi hijo y que le hicieran sentirse tan querido como me siento yo por ellos, pero reconozco que es algo que debería vivirse de otra forma. Con más tranquilidad y en intimidad. Yo tenia que lidiar con el malestar de una cesárea, los dolorosos controles para ver cómo iba el útero (que me apretaran la tripa me dolía horrores), conocer a mi hijo, ponerle a mamar e intentar no ser borde para que no le estuvieran tocando mientras mamaba porque se distraía y no comía… No sé.. Lo recuerdo todo como caótico, cansadísima…

El último dia de ingreso viendo que no me subía la leche me dejaron un saca leches para estimularme y dárselo en jeringuilla.

A los tres días me dieron el alta. Mi hijo había perdido un 11% de peso y mi leche no subía. Me dieron un bote de suplemento por si me asustaba y quería dárselo. No lo hice.

Al día siguiente mi bebé tuvo fiebre fluctuante. En el centro de salud donde fui inicialmente coincidió que no tenía fiebre, así que me dieron un volante para el hospital por si volvía a tener. Finalmente fuimos a urgencias y allí pasamos desde las 19h a 4 de la mañana… Sacaron sangre a mi hijo del pie y estaba bajo el sodio así que nos quedamos allī en la sala de lactancia donde tooodos me intentaban ayudar… Cómo ponerle… Qué hacer… Y sacándome leche para darle en jeringuilla. Nos dejaron irnos a las 4 de la noche porque había cogido 54 gramos y con la condición de volver a la mañana siguiente.

Aquí fue cuando empecé a sacarme leche en casa. Le ponía al pecho pero no se agarraba… Entonces le daba con jeringuilla lo que había logrado sacarme que no era mucho… Y el resto se lo daba en suplemento. Tenía que comer 50ml cada 3 horas y si conseguía agarrarse al lecho solo 30ml en jeringuilla, ya fuese de mi propia leche o suplemento.

Esto era agotador.. Yo le metía el dedo meñique para que succionara y mi pareja le iba dando en jeringuilla… Necesitaba siempre de otra persona para poder alimentar a mi hijo. 

Y lo más duro no era tener 3 horas para alimentar a mi hijo, sacarme leche y dormir lo que me quedara de tiempo, que solía ser como una hora.. Lo más duro era escuchar, escuchar y volver a escuchar que le diera un biberón. Que si no se puede no se puede.. Pero esa no era mi elección. Yo quería dar el pecho a mi hijo y la posibilidad de no poder disfrutar de ese vinculo con él me deprimía… Creo que no he llorado tanto en mi vida. Por suerte mi pareja respetaba mis decisiones.

Esto parece largo y cansado pero todo sucedió a lo largo de 1 semana. Entonces me puse en contacto con una amiga que unas semanas antes se ofreció a ayudarme si tenia algún problema ya que es asesora en lactancia y vino justo cuando mi hijo cumplía 8 dias.

Cuando vino y me dijo ‘tranquila, lo vas a conseguir’ fue como poner oxigeno a un moribundo… Pude respirar.. Probamos unas pezoneras y se enganchó al momento. No puedo describir mi felicidad, aunque no era exactamente lo que quería, así que Diana me aconsejó seguir poniéndole la teta sin pezonera primero y ponerla después. Así lo hice y así estuvo alimentándose hasta los dos meses aproximadamente. A veces por pereza no le ponía primero la teta sin pezonera, y un día empezó a llorar con ella puesta. La retiré y comió fenomenal sin ella. En la siguiente toma se la volví a poner para ver qué hacía, si había sido casualidad o no y mi peque volvió a llorar y yo a retirarla. Esta vez para siempre.

Ahora tiene cuatro meses y medio y espero que nos quede muuuucha teta por dar.”


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