Parto
Esa intensidad que a veces asusta, que te hace gritar y moverte. Esa intensidad que muchas llamamos dolor. Esa sensación mágica que hace que automáticamente entres en un mundo paralelo, ese “planeta parto” que nos hace perder el control.   ¿Por qué tenemos tanto miedo? ¿Te asusta el dolor? ¿Te asusta perder el control? ¿Qué es lo que necesitas controlar?   Y si sabes que sólo tienes que dejarte llevar, ¿por qué lo ves tan difícil? ¿Por qué nos preguntamos tantas veces cómo parir “bien”? ¿Es que hay una forma de parir que está mal? ¿Por qué sentimos que necesitamos prepararnos para el parto? ¿Qué pasa si no nos preparamos? ¿No pariríamos igualmente?  

…Reflexionando sobre el parto… Me encantaría leerte 🙂

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Otros temas, Parto
Cuando llegas al hospital para el parto te sorprenderán muchas cosas, algunas buenas como darte cuenta de la suerte de que te haya tocado una matrona cariñosa o de que ese día seas la única mujer de parto, y otras por las que te entrarán ganas de salir corriendo, como que el celador se empeñe en que te sientes en una silla de ruedas para llevarte a la habitación (“señor, no ve que estoy con contracciones y que no puedo aguantar sentada?”) o que lo primero que hagan en lugar de mirarte a los ojos sea querer hacerte un tacto. Pero hoy quiero hablarte de dos rutinas concretas que detesto, que están muy instauradas en algunos centros hospitalarios, y que además pueden ser peligrosas, con lo que creo que es mejor hacerlas visibles y señalarlas.   Romper la bolsa para que el parto vaya más rápido. Es cierto que si la bolsa se rompe, o nos la rompen, las contracciones se volverán más intensas y probablemente la dilatación también avanzará más rápido. Es cierto también que, en algunos casos, cuando realmente tenemos que inducir o estimular un parto por razones de salud reales, romper la bolsa de manera artificial (amniorrexis) puede ser un método efectivo que nos ayude a conseguir que el parto comience o avance. Sin embargo no podemos olvidarnos que la mayoría de los partos no necesitan una inducción, porque siempre que bebé y mamá estén sanos lo más seguro es esperar a que el parto comience por sí solo. Y esa estimulación de parto, para que vaya más rápido, no es más que una impresión subjetiva del profesional que cree que tu parto va demasiado lento, pero ¿quién es él para ponerle tiempos a tu cuerpo? ¿Por qué no podemos dejar a un lado el reloj y mirar lo que de verdad importa? Una mujer sana dando a luz a un bebé sano NO necesita ceñirse a tiempos, cada cuerpo, cada bebé, las circunstancias de cada parto son únicas y por tanto también lo son los tiempos que cada una necesitamos para dilatar y parir a nuestro hijo. Cuando la mujer entra en la sala de dilatación, el reloj comienza a contar, comienzan los tactos vaginales cada dos horas, comienza el escribir en una gráfica el número de centímetros que dilatas para ver el avance, comienza el medir las contracciones, el que una máquina me diga si realmente son intensas (que por supuesto tú sensación es muchísimo mas fiable que los números del registro, no lo dudes), comienza el cuestionar si es suficiente con una contracción cada 7 minutos o si la matrona o ginecólogo preferiría que tuvieras una cada 4 minutos…. A una mujer de parto se le marca cuánto tiene que dilatar por hora, cuántas contracciones tiene que tener, y cuánto de intensas deben ser, cuánto tiempo puede estar con la bolsa rota, y cuántos minutos debe pasar empujando. Y como no hay más que seguir un patrón de tiempo establecido estadísticamente, no queda otra que disponer de “algo” para acelerar el parto cuando se salga de los límites establecidos. Y el “vamos a romper la bolsa para que todo vaya más rápido”, se convierte en una trampa de la cual es difícil salir (además de que tiene riesgos de los que deberían informarte): te rompen la bolsa (cronómetro puesto para que no estés demasiadas horas con la bolsa rota, no vayamos a aumentar el riesgo de infección), las contracciones comienzan a ser mucho más intensas y dolorosas (estás poniendo todo de ti para conseguir este parto natural, pero de pronto toca re-adaptarte de nuevo y muy rápidamente, porque esto duele muchísimo), parece que la frecuencia cardíaca del bebé disminuye un poco con las contracciones, ambiente de nerviosismo pero todos te dicen que no pasa nada, que todo es normal, otro tacto y ya estás de 9 cm (tan rápido que no te ha dado tiempo a entender qué está pasando ni a adaptarte a la nueva situación). Y un desenlace que, sea el que sea, probablemente te supere, porque no lo has entendido, porque no has podido adaptarte, porque todo ha sido demasiado rápido y tú has pasado de fluir con cada contracción a luchar contra ellas, porque no te quedaba otra opción.   Empezar a empujar para que el bebé vaya bajando. Del mismo modo que cuando te rompen la bolsa le están quitando a tu cuerpo la oportunidad de seguir el ritmo que tu bebé le marca, cuando te dicen que empujes, sin que tú sientas esa necesidad, te están quitando la oportunidad de seguir tu instinto, de parir a tu hijo como tu cuerpo y tu intuición te piden que lo hagas. Quizá te ha pasado alguna vez que has acudido al médico por algún dolor u otro síntoma, y su respuesta ha sido que no tienes nada, que no te pasa absolutamente nada. Y sales de allí con cara de tonta, quizá con la sensación de que eres una quejica y que has hecho perder el (valioso) tiempo al médico, o quizá sales directa a buscar otro médico porque tú sabes que es real lo que te está pasando. Lo que tú sientas es irrelevante, lo que de verdad importa son las pruebas, y si todas están dentro de los parámetros supuestamente correctos NO te pasa nada. Y con estas premisas son con las que vivimos, y si no empezamos a escucharnos de verdad, a escuchar nuestro cuerpo, no habrá cambios en la atención al parto. Nadie debe decidir por ti cuándo es el momento de empujar, quizá nunca tengas que empujar y tu bebé va a nacer igual, quizá sí sientas la necesidad de empujar mucho antes de estar dilatada completamente y está bien que lo hagas, porque lo importante es que sepas que tu cuerpo conoce exactamente lo que necesita. Eso es lo que yo quiero, que sigas a tu cuerpo, que te dejes llevar, que nadie te imponga tiempos. Desde aquí quiero ayudarte a que confíes, a que tengas apoyos e información para que en tu parto seas TÚ la que decida, tú, tu cuerpo, tu instinto, tu bebé,… pero TÚ, y no un reloj, un protocolo o un miedo ajeno a el tuyo.  
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Parto
parto natural  

Parto Natural, Parto Respetado, Parto Humanizado.

Cuando una mujer quiere parir de manera natural está confiando en su cuerpo, está demostrando(se) que ella tiene todo lo necesario para parir a su bebé.

No está diciendo que quiera parir con dolor, sino que es consciente de que cualquier intervención médica pone en riesgo su salud y la de su bebé. Por eso se informa, por eso busca un profesional que le pueda ofrecer métodos naturales para aliviar el dolor, porque quiere el parto más seguro para su bebé, y ese es el parto natural.

Una mujer que quiere un parto natural necesita tiempo para prepararse precisamente porque tiene que informarse y conocer las intervenciones médicas más usuales en los hospitales, tiene que justificar y justificarse por qué va a optar por una vía natural o alternativa, y tiene además que comprender todos los aspectos físicos y emocionales que engloba un parto natural, para poder enfrentarlo con fortaleza, ahora que ya no vemos a mujeres cercanas parir para poder aprender de su experiencia.

 

Quién promueve el parto natural

En los hospitales no se promueve el parto natural porque no hay matronas suficientes para atenderlos, porque no hay tiempo, porque se ejerce una medicina defensiva en la que cuanto antes esté el bebé fuera y “a salvo”, antes se acaba el riesgo de que “algo pase”. Por eso las mujeres nos preparamos para tener un parto natural, no porque nuestro cuerpo no sepa parir (claro que sabe, igual que pudo gestar a un bebé sin ayuda de nadie), sino porque tenemos que defender nuestro parto.

 
  • De la oxitocina sintética que nos produce un dolor insoportable.
  • De estar tumbadas sin poder movernos.
  • De una epidural que nos deje sin sensibilidad.
  • De la episiotomía que nos produce dolor e incontinencia, con suerte durante unos días, a veces durante años.
  • De un kristeller que empuje a nuestro bebé y dañe nuestro útero.
  • De la falta de sostén y de apoyo, reduciendo el parto a sólo un acto físico del cuerpo.
 

De todo eso tenemos que protegernos las mujeres cuando vamos a parir. Porque eso, todos esos supuestos de ahí arriba, son para la mayoría de hospitales el resultado de un parto normal, con un bebé y una mujer sana. Pero no, todo eso hace mucho daño, no sólo daño físico, daño emocional, espiritual.

Por eso un parto natural es mejor, porque no sólo importa que el bebé y su madre estén sanos (físicamente) sino que dar a luz engloba mucho más, hay mucho más en juego para que esa madre y ese bebé puedan comenzar una relación saludable. Y sí, esas contracciones, esos gritos y gemidos, esos movimientos y pujos, esa sensación de no poder más pero salir fortalecida y orgullosa minutos después cuando tienes a tu bebé sobre ti, todo eso es necesario.

Gestar, parir, amamantar y criar. Podemos hacerlo. Lucha por tu parto natural.

 
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Parto

Embarazo

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Los últimos días, o semanas, del embarazo todo cambia. Físicamente, anímicamente e incluso espiritualmente.

 
Cansancio, piernas hinchadas, dolor, cérvix abriéndose.
 
Miedo, emoción, estrés, “ya no puedo más”.
 

Limbo entre mi vida actual, ésta que conozco, y mi nueva vida: estoy naciendo como madre, transformándome en una persona nueva.

 

Esta fase es real, entran en juego niveles hormonales diferentes a los que que hemos sentido el resto del embarazo, es un paso previo al parto y, como tal, hay que pasarlo y te aconsejo que lo sientas, que no quieras que pase rápido, que lo tengas presente y aproveches las enseñanzas que te proporcionan esta nueva etapa. Oxitocina, relaxina, prolactina, cortisol… recorren ahora tu cuerpo en distintas cantidades proporcionándote nuevas sensaciones.

 

A pesar de que lo tienes todo listo y preparado, toca un tiempo de espera. Puede que no sea deseado, pero es necesario. Cuando sientes ese cansancio y estrés típico de los últimos días antes del parto significa que has entrado en esta nueva fase de “espera”. Y está bien que la identifiques como lo que es: una nueva fase en tu embarazo, que durará unos días (que a veces se transforman en alguna semana que se hace eterna) y puedes aceptarla en lugar de resistirte a ella.

 

Puedes sentir esta nueva etapa, pensar en ella, puedes escribir cómo te sientes, gritarlo cuando estés sola en casa. Date espacio a solas si lo necesitas, organiza salidas y reuniones si necesitas distraerte, disfruta de las últimas horas de tu vida conocida. Date permiso para seguir tus instintos, para hacer lo que te pida el cuerpo.

 

Sabemos identificar muy bien la parte física de estos últimos días: dolor en la pelvis, vejiga “aplastada”, pies hinchados, pezones sensibles, y una barriga enorme que hace que ponerse los zapatos sea toda una aventura. Pero no alcanzamos a comprender la vulnerabilidad que las mujeres sentimos en esta etapa. Por eso es un tiempo tan complicado y confuso. Pero lo comprendamos o no, es una fase diferente a nivel físico y emocional, y es una fase necesaria antes del nacimiento.

 

El nacimiento de un bebé, de una madre, es un viaje que necesita tiempo y espacio de preparación. Nuestras células, nuestra mente y nuestras hormonas lo saben y se preparan para ello, seamos o no conscientes. Si no reconocemos esta fase como real podemos sentirnos tentadas a no pasar por ella: una inducción da una falsa sensación de control. No estamos acostumbradas a esperar sin hacer nada, tenemos miedo, nos falta confianza. Pero esta fase de espera es real y necesaria. Tranquila.

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Parto
El agua provoca que muchas mujeres se sientan más confiadas en seguir sus instintos, más independientes a la hora de responsabilizarse de su parto y más capaces de fluir con las contracciones. ¿Si has tenido un mal día, estás muy cansada o necesitas desconectar un baño caliente te parece una buena idea? Entonces puedes probarlo también durante el parto. Es simple: el agua nos hace sentir mejor. Nos devuelve la energía, y parece que se lleva el estrés e incluso el dolor.  

¿Qué significa parir en el agua?

Es tan simple como suena: una bañera con agua caliente y una mujer que da a luz a su bebé dentro del agua. Algunas veces puedes sentirte cómoda durante la dilatación dentro del agua y necesitar salir de la bañera cuando tu bebé va a nacer. Esta opción también es perfecta. Durante la dilatación, estar relajada ayuda a tu cuerpo a segregar las hormonas del parto. parto en agua

Beneficios del Agua en el Parto:

  • El agua calma el dolor
  • Es más difícil interferir en el proceso natural del parto si estás dentro del agua: tú te sientes en más intimidad y la persona que te asista también intervendrá menos.
  • Crea una atmósfera de protección, hace que te relajes y te olvides del exterior.
  • Te permite ponerte en las posiciones que el cuerpo te pida para parir: te sientes más confortable poniéndote de rodillas o a cuatro patas dentro del agua que fuera, donde puedes sentirte más vulnerable o más “expuesta”.
  • Reduce al mínimo el riesgo de episiotomía (sí, nadie podrá hacerte una episiotomía dentro del agua :p)
  • El agua caliente ayuda a que los tejidos se dilaten, y puede facilitar una salida más lenta del bebé, con lo que también reduce el riesgo de desgarro.
  • Te sientes más capaz de recoger a tu bebé por ti misma
  • El contacto piel con piel es inmediato: tu instinto te hace abrazar al bebé.
 

¿Cuándo usar el agua en el parto?

Hay estudios que encuentran que entrar en el agua ANTES de entrar en la fase de parto activo puede enlentecer el proceso de parto. Por eso puede ser aconsejable esperar a que realmente las contracciones sean regulares e intensas. Si la bolsa está rota PUEDES seguir con el trabajo de parto en el agua. Si tienes Streptococo B (+) PUEDES parir en el agua.
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Embarazo, Parto

Tener miedo durante el parto hace que tu cuerpo segregue altos niveles de adrenalina, la cual no permite que la oxitocina actúe (necesaria para tener contracciones) y además puede reducir el aporte sanguíneo a la placenta. Esto es especialmente necesario en el comienzo del parto, donde cualquier cosa que te haga sentir incómoda o insegura puede hacer que el parto se detenga.

Sin embargo una vez que el momento del nacimiento está cerca, SÍ es habitual entrar en una fase de pérdida de control y miedo (es la fase de transición), y significa que el parto terminará pronto.

Así, es importante poder relajarse, saber encontrar la manera de sentirse cómoda a nivel físico y a nivel mental, y practicarlo durante el embarazo. Pero también es muy importante saber que sí habrá momentos en el parto de pérdida de control, de sentir miedo y dolor, y eso está bien. Es parte del proceso.

embarazoyhermanomayor

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Durante el embarazo puedes ayudar a tu cuerpo y a tu mente a relajarse:

– Explora tus miedos: ¿A qué tienes miedo? ¿Qué puedes hacer para enfrentar esos miedos? (Informarte, hablar, conocer alternativas…)

Experimenta distintas técnicas de relajación durante el embarazo: masaje, música, meditación, visualizaciones, mantras… Recuerda que te serán útiles durante las primeras fases del parto y que luego está bien perder el control.

Planifica tu parto para encontrarte en un ambiente seguro y rodeada sólo de personas en las que confíes.

 

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Algunas técnicas de relajación que pueden ser útiles:

– Masaje: practicar con tu compañer@ de parto qué partes de tu cuerpo te relaja que te toquen y dónde y cómo realmente NO te gusta que lo hagan puede ser de gran ayuda. Hay lugares específicos donde presionar durante las contracciones puede aliviarte, y hay masajes que entre contracciones te relajarán.

– Música y movimiento: la música nos hace entrar en un estado en el que es más fácil dejarse llevar y fluir con las contracciones. Prueba con distintas canciones, distintos ritmos… quédate sólo con la música que te haga sentir bien, que te de energía y que eleve tu positividad. Date cuenta que en el parto es instintivo moverse y gritar, te lo pide el cuerpo, por tanto bailar y cantar es una preparación maravillosa para el parto.

– Mantras: son frases que ayudan a tu cuerpo a conseguir lo que te propones. Debes encontrar tus propias palabras, es más o menos algo como “Puedo parir. Puedo dejarme llevar por las contracciones. Mi cuerpo sabe lo que tiene que hacer”. Dichas (o pensadas) de manera repetitiva provocan que tu cuerpo haga exactamente lo que estás diciendo en la frase. Es el poder de la mente.

– Relajaciones guiadas, respiraciones conscientes y meditaciones: cuando tu matrona te guía a través de una relajación, para que vayas relajando poco a poco todo tu cuerpo y después tu mente, estás acostumbrando a tu cuerpo para que en el momento del parto ese estado de relajación te salga como algo inconsciente. Piensa en la meditación como en un ejercicio mental donde te familiarizas con un estado de ánimo positivo, donde te habitúas a sentirte así, donde sentirte bien (calmada, feliz, consciente) forma parte de tu estado de ánimo. Piensa que meditar es crear las condiciones (físicas y mentales) que te permiten alcanzar ese estado de felicidad, de paz, de tranquilidad. Meditar es reconocer una nueva actitud: simplemente ser, no luchar, no intervenir, no manipular la realidad.

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Parto
Si estás embarazada probablemente una de los primeros pensamientos que te lleguen a la mente al pensar en tu parto será cuánto te va a doler, y si podrás soportarlo sin utilizar epidural.
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En todas las mujeres de las que tengo conocimiento personal (incluyéndome) las contracciones han sido dolorosas. Hay historias por la red de partos orgásmicos, de contracciones placenteras, que en ningún momento dudo de su veracidad pero por desgracia no son mi realidad en este momento, ni la de la mayoría de mujeres que me leen. Así que parto de la base de que las contracciones sí, te van a doler. Pero son totalmente soportables, te aseguro 100% y no me equivoco, que tú puedes soportar el dolor de las contracciones de parto sin ningún tipo de medicación. No te vas a morir de dolor, no te vas a desmayar de dolor, sí vas a gritar probablemente, a jadear, a moverte y retorcerte, sí probablemente pasará por tu mente un “no puedo más” y un deseo de que se acabe ya. Pero parirás. Con dolor. Sin sufrimiento.
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Y en este post no voy a enumerar todos los riesgos de la epidural, ni voy a decirte las razones para no ponértela, lo que quiero contarte son las razones por las que es bueno y necesario sentir dolor en el parto. 

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  • Las contracciones hacen que te muevas, te mantienen activa y con tus movimientos permites que tu bebé también se mueva y se vaya colocando, vaya rotando a través de tu pelvis para poder nacer. Al sentir dolor adoptarás distintas posiciones para sentirte más cómoda y, además de ir cambiando de posición, probablemente escogerás posturas en las que puedas estar balanceándote, con la pelvis libre (de pie, de rodillas, de cuclillas…). Gracias a eso tu bebé podrá ir acomodándose por el canal del parto más fácilmente.
embarazada
  • La descarga de endorfinas que sufre tu cuerpo cuando sientes dolor, llega también a tu bebé. ¡Son las hormonas de la felicidad y del placer! Estas hormonas (que no se liberarían en tu cuerpo si tuvieras puesta una epidural) hacen que sientas menos dolor y, quizá hacen que para tu bebé sea también más sencillo el trabajo de parto.
 
  • El poder sentir te mantiene alerta, y un incremento súbito de ese dolor hará que te des cuenta inmediatamente de que algo no va bien, para poder poner los medios adecuados para remediarlo.
 
  • Sentir los pujos hace que tú misma puedas regular cuándo empujar y cuándo descansar, haciendo que éstos sean más eficaces y evitando la fatiga propia del expulsivo con epidural.
 
  • Ese dolor produce una unión emocional madre-hijo, desconecta a la madre del mundo exterior y hace que una vez el bebé haya nacido el vínculo ya esté forjado.
 

Si te enfrentas al parto con una mente abierta y positiva, sin miedos y con mucha información, saldrás  fortalecida y con un sentimiento de orgullo, de victoria y de poder que te acompañará durante todos los momentos difíciles de tu vida.

Qué opinas?

 
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Parto
Si te estás preparando para tener un parto natural seguramente hayas leído que en el expulsivo (la fase cuando nace el bebé) puede ser mejor tratar de respirar con la boca abierta en lugar de pujar (o empujar) con todas tus fuerzas. Lo cierto es que lo mejor es, indiscutiblemente, hacer lo que el cuerpo te pida hacer.
  1. Qué pasa si estoy en dilatación completa y no siento ganas de empujar: no pasa nada, simplemente estamos en posición de esperar hasta que sientas las ganas de empujar o tu bebé vaya descendiendo por sí mismo (normalmente las dos cosas: el bebé desciende por sí mismo hasta un punto en que sientes las ganas de empujar). Esperaremos 1 hora, y si aún no sientes ganas de empujar puede ser aconsejable que cambies de posición, que intentes vaciar la vejiga y que se revise que el ambiente es propicio para el parto. Los pujos dirigidos (esto es que no sientes ganas de empujar pero la matrona o ginecólogo te piden que pujes en cada contracción) han demostrado una mayor morbilidad materna y fetal (hipoxia en el bebé entre otras) y NO disminuyen el tiempo de expulsivo (es decir, no sirven para nada y además es contraproducente). Así, dándote el tiempo necesario en un ambiente de intimidad y seguridad, teniendo una matrona que controle tus constantes y las del bebé, la paciencia es la clave para un parto positivo (y lo ideal es que hayas hablado antes con tu matrona acerca de qué opciones existen si en realidad este tiempo se extiende).
  2. Qué pasa si siento ganas de empujar pero aún no estoy en dilatación completa: no pasa nada, el cuerpo te está pidiendo empujar porque tu bebé ya está probablemente bastante bajo o quizá porque la posición fetal es posterior (el bebé está mirando hacia delante). El cuerpo es sabio, y muchas veces estas ganas de empujar responden a la necesidad del bebé de moverse hacia una posición que le facilite el parto. Pese a que aún algunos profesionales instan a la mujer a no empujar (porque eso podría dañar el cuello uterino e inflamarlo), en realidad no hay estudios científicos que confirmen que esto sea perjudicial (en realidad los estudios no revelan complicaciones por empujar de forma “prematura”).
  3. Qué pasa si siento ganas de pujar con fuerza y alguien me dice que respire o me desgarraré: lo que pasa aquí es que alguien te está diciendo que lo que tú sientes está mal, que debes frenar tu instinto. Personalmente no creo que el cuerpo de la mujer de parto envíe mensajes confusos y le diga que empuje cuando en realidad debería respirar. Siempre y cuando te hayas preparado para el parto (informándote) y sepas que para parir NO es necesario empujar (como una loca), sino dejar que el cuerpo haga; siempre y cuando no estés empujando por miedo, por desinformación; sino empujando porque eso es lo que tu cuerpo necesita: estás haciendo lo correcto.
Estoy segura de que el cuerpo de la mujer es perfecto y no manda mensajes erróneos, y lo correcto es seguir tus instintos siempre que no haya ningún riesgo (por eso la matrona controla vuestras constantes vitales durante el parto además de otros muchos aspectos). Las matronas, a la hora de asistir un parto, deberíamos olvidarnos más del reloj e intervenir (llamo intervenir a hacer cualquier cosa para acelerar o desacelerar el proceso, incluso con palabras)solamente cuando haya algún riesgo real.

Consejos

Antes del parto: conocer tu cuerpo, tu suelo pélvico, saber cómo contraerlo y relajarlo (abrirlo), hacer masaje perineal (no tanto para evitar un desgarro sino para conocer ese tejido y sentirlo), explorar distintas posiciones, encontrar una matrona que conozca todos tus deseos antes del parto y los respete en ese momento, conocer la fisiología del parto para permitirte estar tranquila en esos momentos, practicar algunas visualizaciones o relajaciones que te den confianza en tu cuerpo. Para el parto: asegúrate de acompañarte de una matrona que sepa exactamente qué es lo que quieres para tu parto y lo respete, que te proporcione un ambiente de intimidad y seguridad y en la que confíes 100%.   *toda la información anterior se entiende para un parto fisiológico sin ningún tipo de analgesia o anestesia epidural o de otro tipo.
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Parto

Necesitas un parto natural

El PARTO es maravilloso, una experiencia vital, que te transforma, te fortalece. Es un regalo de la naturaleza para todas las madres. No lo anules, no lo anestesies, no lo aceleres para que pase sin más. Deja que te transforme.

Anular el parto, medicarlo para que pase rápido, para sentir lo menos posible, es un error catastrófico. El parto es necesario. Para las madres. Para los niños. Para la sociedad.

Imagina que te despiertas un día en un mundo donde los orgasmos están mal vistos: son demasiado intensos, someten al organismo a un esfuerzo innecesario. Las mujeres se toman una pastilla antes de tener relaciones sexuales, y así pueden disfrutar del momento sin “perderse”, siendo plenamente conscientes de lo que están haciendo, con calma. Seguramente algunas mujeres empiecen a protestar: se dan cuenta de que no lubrican, y eso a veces hace que después tengan molestias, también algunas dicen que ya no sienten lo mismo por su pareja, que les falta pasión, y que el amor sin pasión ya no es igual. Entonces comienzan a recetar unas pastillas más suaves, unas que te dejen sentir un poco más. Y sí, sientes algo pero no hay éxtasis, no se te acelera el corazón, por supuesto no hay gritos ni gemidos. Ahora todo es más “civilizado”.

Y eso hemos hecho con el parto: le quitamos su esencia, ya no hay éxtasis, no hay cóctel hormonal, no sientes ese placer absoluto que llega después del momento máximo de intensidad… porque ya no hay intensidad. No hay nada. Son partos estériles.

Necesito que comprendas que un parto natural y respetado es lo mejor que te puede pasar para convertirte en madre: te transforma en una madre luchadora, poderosa, entregada. Toma conciencia de que sí importa la manera de parir, y que también influye en el postparto y crianza. De acuerdo con mi experiencia, y constatado también en algunos estudios científicos, hay una relación entre oxitocina sintética y más problemas para amamantar. Ese es el dato más validado, pero también hay otros estudios que lo relacionan con mayor depresión postparto, mayor dificultad para conseguir un vínculo eficaz, más llanto en el bebé… Por supuesto hay más cosas que influyen, si estás informada y sabes cómo quieres criar seguro que “neutralizas” el efecto hormonal…. La conclusión es clara: hay que intentar evitar en lo posible la medicación y las intervenciones innecesarias… Un parto natural es la mejor experiencia que una mujer puede tener.

Y así, si aceptas el regalo que te hace la naturaleza, si te entregas a tu parto, si comprendes realmente que un parto rápido y sin dolor NO es lo que necesitas, si ya no lo quieres, porque sabes que el parto es el momento vital más maravilloso que vivirás como madre… así, viviendo tu parto te estarás ayudando, estarás ayudando a tu hijo, y estarás ayudando a la sociedad.

Soy matrona, soy madre, y mi trabajo, mi misión, mi objetivo es entregarte todas las herramientas para tener un parto natural, puedes escoger tomarlas, hacerlas tuyas y transformarte: yo te entrego el conocimiento, ese que te conciencia de todo lo positivo que tiene el parto; te enseño la fortaleza física que tenemos las mujeres (el poder de tu útero y cómo escucharte y sentirte); y te muestro tu fortaleza emocional y cómo la paciencia, la positividad, la calma y el instinto femenino te hacen el camino más fácil. Puedo ayudarte.

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Parto
La mayoría de mujeres que se animan a escribir su propio plan de parto lo hacen porque quieren evitar intervenciones innecesarias, quizá por una mala experiencia en un parto anterior o por algo que hayan leído que no les parece que sea necesario hacer pero que sin embargo en muchos hospitales, por protocolos a veces obsoletos, se sigue haciendo.
Puede parecer obvio pero, antes de escribir tu plan de parto, es muy importante que sepas cómo quieres que sea tu parto.
Éste es el plan de parto que propone el ministerio de sanidad de España. Parece muy sencillo, ¿verdad? Ir leyendo y escribiendo lo que nos parece mejor, más acertado, casi como si fuera una encuesta. ¿Ya está? ¿Con esto me aseguro de conseguir el parto que deseo? Demasiado fácil para un momento tan importante. Creo que si de verdad queremos tomar responsabilidad de nuestro parto, hay que ir un poco más profundo, analizar de verdad qué parto queremos y por qué, y qué podemos hacer nosotras para lograrlo.
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Y fijaros que digo qué puedes hacer tú, y no que tiene que dejar de hacer la persona que te asista el parto, porque si decides que algo de lo que hacen en el hospital no está bien, no es suficiente con decírselo al doctor o a la matrona y olvidarnos del tema, tenemos que proponer la alternativa, entender esa alternativa, ser conscientes de por qué tomamos esa decisión y no otra.
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Algunas pensaréis que vosotras no sois matronas ni ginecólogas para saber eso, pero esto no se trata de estudiar una carrera, dentro de la atención al parto hay muchas opiniones, muchas maneras de actuar (o de no hacerlo), que son buenas para unas personas y malas para otras, no hay nada blanco o negro, aún obedeciendo a la evidencia científica todo es relativo. 
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En un mismo hospital dos matronas tienen modos de actuar diferentes, y ninguna se equivoca probablemente. Escribir un plan de parto es decir: conozco que esto se puede hacer así o asá, y yo quiero esta manera concreta de actuar por estas razones. Aquí no hablamos de que te toque la matrona buena o la mala, hablamos de que en tu parto tú puedes, y debes, decidir; al igual que cuando tienes una gripe puedes decidir tomarte un antigripal o dejar que el proceso pase solo, ¿qué es mejor? pues depende de la persona, y del momento.
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¿Muy difícil? ¿Demasiado trabajo? ¿No sabes por dónde empezar? Bueno, para eso están las clases de preparación al parto (o para eso deberían ser), para informar a la embarazada de todas las opciones que tiene (no para hacer gimnasia y respirar, si estás en una de esas clases sal corriendo, no sirven para nada). Busca una matrona que te explique el proceso, o prepárate para investigar y leer en libros y webs (sí, puedes investigar sobre tu embarazo y tu parto en la web, para eso está, y quien te aconseje no hacerlo es un total ignorante o cree que tú lo eres. ¿De verdad no sabes distinguir entre páginas web fiables y las que no lo son? ¿De verdad internet sólo sirve para asustarnos? ¿De verdad no eres lo suficientemente responsable como para si tienes dudas sobre lo que lees consultarlo con un profesional, o varios?). Algunas personas investigan más para comprarse un coche que para parir: ¡investiga, lee, cuestiona, pide varias opiniones! Al fin y al cabo probablemente sólo parirás dos o tres veces en la vida, ¿vas a dejar ese momento tan importante en manos de otro?
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Entonces ya tenemos claro que no vale decir “quiero un parto vaginal sin intervenciones innecesarias” pero no hacer nada nosotras mismas para lograrlo. Saber cuándo queremos ir al hospital, si queremos o no intentar un parto sin epidural y cómo podemos conseguirlo, hasta qué semana estamos dispuestas a esperar el parto y por qué (para poder rechazar una inducción porque hemos llegado a la semana 40 por ejemplo), …
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Y una vez que lo tenemos claro nosotras, es hora de explicárselo a nuestro acompañante (tu marido o quien quieras que esté contigo durante el parto tiene q tener muy claro qué queréis y por qué, con la finalidad de pedirlo) y después presentar el plan de parto en el hospital, hablarlo con la ginecóloga en la consulta, con las matronas en monitores, etc.
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¿Estás dispuesta a dar el salto y pasar de “dejarte hacer” a tomar responsabilidad de tu parto? No estás sola, físicamente o por la red miles de mujeres se hacen las mismas preguntas que tú. Y muchos profesionales dispuestos a responder. ¡Comienza!
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