Maternidad

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Hoy escribe para nosotras Laia Simón, madre de cinco criaturas y creadora del proyecto Nunnutit.

Laia es maestra desde hace más de 10 años, y la maternidad despertó en ella otras vías de conexión con las familias. La necesidad que tenemos de conectar con otras madres hizo ampliar sus horizontes y ver a las personas más allá del ámbito escolar. También es asesora de porteo y se está formando como asesora continuum.

Aquí tienes su artículo, disfrútalo!:

Cada vez más, hay familias que deciden llevar a sus hij@s en un portabebés. La información sobre los beneficios que supone para nuestro bebé estar cerca de mamá o cuestiones prácticas como tener las manos libres, nos hace tomar la decisión de llevarlo encima.

  Si tú eres una de estas personas y has decidido portear a tu bebé, es posible que te hayas preguntado en algún momento si llevar a tu hij@ afecta a la salud de tu cuerpo. La respuesta es sí. Y también voy a decirte que portear supone un impacto sobre la estructura de tu cuerpo y no siempre está recomendado.  

Recuerdo que cuando empecé a portear a mi primer hijo la gente me decía que me iba a fastidiar la espalda. De hecho, me lo continúan diciendo ahora que me ven portear a mi hijo pequeño de dos años. Las primeras veces que me hacían un cometario de este tipo, solía ponerme a la defensiva. Por aquel entonces no era habitual ver a una madre portear, y menos con un pañuelo. Muchas veces me sentía cuestionada por hacerlo, así que mis respuestas iban encaminadas a intentar que aquello que yo hacía no pudiera ir acompañado de ningún inconveniente. De este modo, siempre defendía que, el porteo, ni malcriaba a mi hijo, ni me daba calor en verano y, ni mucho menos, me provocaba dolores o problemas de espada.

El caso es que, realmente, desde que empecé a portear, los dolores de espalda que yo normalmente tenía, fueron desapareciendo. Pero el motivo no fue el hecho de portear o no a mi hijo. Al menos, no directamente. Pero eso es otra historia.

 

Y es que el porteo sí que afecta a nuestro cuerpo. Por eso, es muy importante saber cómo debemos portear correctamente y, sobretodo, saber si nuestro cuerpo está en condiciones para hacerlo y de qué manera podemos minimizar el impacto que tiene llevar a nuestro bebé a cuestas. Y para ello os voy a dar tres razones por las que debes mimar tu cuerpo y cuidarlo mientras porteas.

porteo laia 2 Razón 1:

Estás llevando un peso extra

 

Tu bebé pesa, y ese peso irá en aumento. Además, se añade al que ya soporta tu estructura ósea. Es como si te estuvieras engordando lo que engorda tu bebé. Seguramente sabrás que cuando un traumatólogo diagnostica algún problema en articulaciones, por ejemplo, una de las indicaciones que suele dar es bajar de peso, entre otras cosas. Si para que nuestra estructura ósea no se resienta tanto se pide bajar de peso, es obvio que aumentar el peso que soporta tu cuerpo puede ser un problema para tu cuerpo.

¿Siempre? No. De hecho, la persona que portea desde el nacimiento del bebé, va aumentando el peso que soporta de forma progresiva a medida que el bebé crece, por lo que su cuerpo, sus músculos, van adaptándose poco a poco. No es lo mismo aumentar cada mes medio kilo que 10kg de un día para otro. En ese sentido, hay diferencia entre empezar a portear a nuestro bebé desde el nacimiento que empezar a llevarlo a nuestra espalda durante excursiones de dos horas cuando ya tiene 2 años.

El caso es que hay que tener en cuenta cómo está tu cuerpo cuando empiezas a portear. Si hay patologías o problemas que indiquen que soportar ese peso pueda ser un problema, habrá que analizar la situación para saber cómo portear, en qué condiciones… También hay que tener en cuenta cómo es el bebé, pues no es lo mismo un recién nacido que un niño de dos años de 18 kg.

  Razón 2:

El porteo es hiperpresivo

Una de las partes que menos cuidamos las mujeres es nuestro suelo pélvico. Después de un embarazo, la faja abdominal que sostiene parte de nuestros órganos internos está muy “dada”. Durante 9 meses se ha ido distendiendo para dar espacio al bebé que crecía dentro.

Recuperar la normalidad de la musculatura de esa zona requiere tiempo, dedicación y cuidados. El porteo no ayuda, al contrario.

Como ya hemos comentado, el porteo implica añadir peso a nuestro cuerpo, y eso genera una presión extra sobre nuestro suelo pélvico. Pero no sólo eso. Tenemos que añadir que la mayoría de portabebés que se usan, envuelven nuestra cintura, lo que añade más presión a la zona.

Entonces que hacemos, ¿no porteamos?

Se puede portear, pero lo importante es cómo, y para ello hay que tener varios factores en cuenta. Entre otros aspectos, hay que tener en cuenta cómo fue tu parto, cómo se encuentra tu suelo pélvico, si has tenido cesárea, qué actividad vas a hacer durante el día, cómo es tu bebé… Y también es importante saber qué portabebés usar y cómo.

porteolaia   Razón 3:

Tú cuerpo es sabio y te avisa

Cuidar tu cuerpo implica ser consciente de cómo es. Tu colocación y tu consciencia corporal, te van a ayudar a identificar cómo te sientes, cómo te notas, que tensiones percibes y si hay dolor.

Saber escuchar a tu cuerpo es tan o más importante que los beneficios que pueda obtener tu bebé al ser porteado. Los beneficios del contacto pueden obtenerse sin ser porteados, pero fastidiar tu cuerpo puede hacer que te impida estar con tu bebé en brazos menos tiempo del que podrías si te cuidaras.

Cuando nos convertimos en madres, con frecuencia pasamos a ser un segundo plano de nuestras prioridades. Y eso no debería ser así siempre. Es cierto que el bebé requiere atención, pero nosotras también la merecemos. En ese sentido, dedicarnos un poco de tiempo al día para escucharnos, para cuidarnos… nos va a permitir estar en mejores condiciones para atender a nuestro pequeñ@.

   

Por todo esto que hemos comentado, es importante que, si vas a portear a tu bebé, te informes. Asesórate bien de todas las opciones que tienes para asegurarte de que el porteo que vas a practicar sea respetuoso y ergonómico, no sólo para el bebé, sino también para tu cuerpo.

 
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Embarazo, Lactancia, Maternidad, Parto, Postparto
Eres mujer, luego puedes gestar un bebé, puedes parir, puedes amamantar y puedes criar a tu hijo. PUEDES hacerlo, te lo creas o no, todo tu cuerpo está diseñado para eso.   Hay demasiados mensajes negativos entorno a la maternidad, mensajes que nos hacen creer que lo normal son las mujeres que no dilatan, o que son demasiado “estrechas” para parir a su bebé, madres que no tienen leche, o que “malcrían” a sus hijos. Nos dicen que parir duele demasiado, que somos tontas si no nos ponemos la epidural; que amamantar es demasiado “esclavo”, y que con biberones se crían muy bien. Que no lo carguemos tanto, que no durmamos con él, que le dejemos llorar, que nos está tomando el pelo…   Tápate los oídos y ESCÚCHATE. Siéntete. Tu intuición, o tu instinto, saben lo que es mejor para ti y para tu bebé.   ¡Tu cuerpo ha creado un bebé! Tus caderas se ensanchan, tu útero ha crecido asombrosamente, tus pechos han comenzado a producir leche. ¿Cómo no vas a poder parir? Por supuesto que PUEDES PARIR, y tendrás un parto maravilloso y poderoso si sigues tus instintos.   Tu cuerpo y tu alma te hablan  
  • Ninguna mujer de parto está cómoda tumbada sobre su espalda, el dolor te avisa que eso no está bien, que necesitas moverte. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Después de 9 meses juntos no quieres separarte de tu bebé, sientes cómo que te arrancaran una parte de ti, necesitas tenerlo cerca, piel con piel, en contacto permanente día y noche. ¡Sigue tu instinto!
 
  • No soportas oírle llorar, se te parte el alma y sabes que la mejor forma de calmarlo es dándole el pecho. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Dormís mejor estando juntos. Te sientes intranquila si no sientes su respiración. Además así puedes darle el pecho sin casi despertarte. ¡Sigue tu instinto!
  A veces, es duro   El ginecólogo te dice que ya pasas las 40 semanas, que estará mejor fuera, que ya no tiene espacio. Y aunque tú sientes que todo está bien, que necesitáis un poco más de tiempo la presión y el miedo te hacen dudar.   Quieres un parto natural pero al llegar la matrona te dice que te va a doler mucho, que te lo pienses bien que luego será demasiado tarde y no te podrán poner la epidural. Que aún queda lo peor. Que vas a ser igual de buena madre, no hace falta hacerse la valiente. Y a ti te apetece llorar.   Ves a tu bebé por primera vez, es maravilloso. Sólo quieres sentirlo, mirarlo, olerlo. Estás totalmente enamorada y emocionada. No existe nada más. Y llega el pediatra, que tiene que llevárselo para valorarlo. No quieres. No quieres separarte de él. Y esta vez lo dices bien claro, pero te miran varios ojos acusadores, y viene la culpa, y otra vez tienes ganas de llorar.   Por fin en casa, por fin en intimidad, necesitas perderte con él días enteros en la cama, sólo amamantando y durmiendo, durmiendo y amamantando. “No está bien que no salgan, a ver si se va a deprimir”. “Ese niño necesita que le de el sol”. “Mejor me lo quedo yo unas horas, que tú necesitas despejarte y descansar”. “Ponlo en la cuna, le vas a aplastar”. “Cada vez que llora le das teta, eres su chupete”.   Todas esas situaciones son demasiado habituales. Rodéate de gente que piensa como tú: mujeres que han parido de manera natural, madres que dan el pecho, matronas que saben acompañar sin intervenir, pediatras respetuosos, doulas, grupos de lactancia… Busca tu tribu, créala, y ¡sigue tu instinto!  
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Maternidad

Hay algo en tu vida que te hace sentir especial. Algo que te hace sentirte bien, que hace que te veas más guapa, por fuera y por dentro. Ese algo que cambia todo tu día. Tienes que encontrarlo y acudir a ello cada día.

Puede ser cepillarte el pelo, tomarte un café en silencio antes de que nadie se levante o ponerte esa crema hidratante. Puede ser usar ese jabón especial en la ducha, pintarte los labios o ponerte pendientes. Quizá una camiseta que te hace sentir guapa, o esos vaqueros que te quedan de muerte.

¿Es escuchar esa música lo que te llena de energía? ¿O ponerte tacones? ¿O esa blusa que tienes reservada para ocasiones especiales?

Hazte sentir especial

¡Ese algo que te hace brillar! Hazlo, todas las mañanas, hazlo para que te veas bien durante todo el día, para que te sientas bien, porque si estás bien, todo va a ir bien. ¡Brilla! Eres especial.

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Maternidad

¡No tengo tiempo!

La falta de tiempo, esa es la razón de que no sepas inglés, de que tu casa esté desordenada, de que no cocines tan sano como te gustaría. No tienes tiempo para aprender nada nuevo, ni para leer, ni para cuidarte. Tampoco para hacer ejercicio, ¡si ni siquiera tienes tiempo para dormir!

Pues yo te digo que sí, que por supuesto que tienes tiempo, para todo lo que te propongas y para más, tienes exactamente el mismo tiempo que yo, el mismo tiempo que tu vecina y el mismo que tu madre. Tienes el mismo tiempo que antes de ser madre, exactamente las mismas 24 horas cada día.

Pero es que ahora tengo muchísimas más cosas que hacer, los niños dan mucho trabajo, y la casa, ni te cuento.

Lo que necesitas es tomar el control de tu tiempo, ni más ni menos.

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Maternidad

¿Sabes esa sensación de caos cuando ves la casa desordenada, la comida sin hacer, a tu niño demandándote y ves que necesitas organizarte pero no sabes cómo?

Bien, estoy en lucha contra eso. Estoy organizando mi vida. 

Soy una mujer nueva desde que me convertí en madre, no me importa cómo lo llamen, pueden decirme que soy la misma pero vestida con otro traje, pueden tratar de convencerme que por ser madre no tengo que abandonar otras esferas de mi vida, pero la realidad es que soy otra, mis prioridades están totalmente invertidas y necesito reorganizarme, marcarme objetivos, sincerarme y hacerlo ya. ¿Te resuena?

Hábitos nuevos en Abril: clave de organización

Comencemos abril con las cosas claras: ¿cuáles son tus prioridades? Si tuvieras que escribir 4 o 5 planos importantes de tu vida, ¿cuáles serían? Los míos ahora mismo son, por este orden:

  1. Mis hijos. Sí, sé que se dice mucho (y yo la primera) que lo primero tienes que ser tú misma, que si tú no estás bien no podrás cuidar de nadie. Pero sinceramente, antepongo a mis hijos a todo lo demás, su felicidad, seguridad y cuidado es lo primero. Así que sería engañarme si no los pongo los primeros en mi lista.
  2. Yo misma: aquí sí estoy. Tengo que quererme y cuidarme. Lo tengo clarísimo, y me siento mucho mejor en todos los aspectos si lo hago. Esto incluye alimentarme de manera sana, cuidar mi cuerpo para sentirme bien en él, y cuidar también mis sentimientos, emociones, pensamientos, dándome un tiempo y espacio para reflexionar y hacer realidad mis sueños e ideas.
  3. Mi pareja: él es importantísimo en mi vida, un pilar básico sin el que me caería. Quiero, necesito, concederle tiempo y atención, seguir enamorada y enamorando, recordar que también soy mujer, además de madre.
  4. Hogar: cada vez veo más claro que mi familia y yo necesitamos una casa ordenada, limpia, acogedora. Levantarme por la mañana y ver una cocina limpia, un salón recogido, una casa bonita me sube el ánimo. Así que sí, este es un área importante en mi vida.
  5. Trabajo: sí, he dejado de trabajar para quedarme con mis niños. Pero no he abandonado mi pasión por el mundo de la maternidad. Claro que se ha transformado, ya no paso noches mágicas acompañando mujeres de parto, pero sigue siendo un área sin el que no sabría vivir. Me siento realizada, me sube el autoestima poder ayudar y sí, aportar algo económicamente a la familia me aporta tranquilidad. Quizá tú no llames a esta área trabajo, pero ¿cuál es tu pasión? ¿Hay algo que te encanta? ¿Crees que puedes aportar algo a los demás con ello? ¿Podría convertirse en un trabajo aunque sólo sea en tu imaginación? Entonces, dedícale una prioridad en tu vida: puede ser escribir, tejer, crear algo con tus manos, incluso cuidar niños (muchas mujeres nos damos cuenta de que tenemos un don especial para comprender y guiar a los niños cuando nos convertimos en madres, y que mejor que hacer de la maternidad una “profesión”, al fin y al cabo es un trabajo cuyo fin es que tu niño se transforme en un adulto capaz, responsable y feliz).
  6. Amigas: necesito a mis chicas para desahogar, reírme de bobadas y tomarme un café acompañada. Las necesito y ellas a mi, y creo que esa red de apoyo que son las amigas (aunque sea desde la distancia, aunque a veces sólo podamos conversar a través del ordenador) nos inyectan la energía que necesitamos para darle vida a nuestras áreas de prioridad.

¿Haces tu lista de prioridades? Y ahora, establece unos hábitos para no abandonar tus prioridades. ¿Puedes escribir al lado de cada una una acción que te permite ocuparte de ella? Por ejemplo, con mis hijos necesito conectar con ellos, con sus sentimientos, para no dejarme llevar por las emociones negativas y seguir siendo una madre comprensiva, así que cada día por la mañana les dedico unos minutos: les miro, les mimo, me concentro sólo en ellos, en lo chiquititos que son, en lo mucho que les quiero y ellos me quieren a mi, y me reafirmo en no gritarles, en no amenazarles, en que son las personas que más merecen mi respeto y amor.

Hazlo con cada una de tus áreas de prioridad. Sólo una cosa, que te lleve apenas unos minutos. Tendrás 6 hábitos (o menos según tus prioridades) para dividir a lo largo del día y estar enfocada en lo que de verdad te importa. Puedes por ejemplo dividirlos y cumplir 2 por la mañana, 2 después de almorzar y 2 antes de acostarte. Quizá habrá algunos que te des cuenta que no necesitas hacerlo cada día, ¡fenomenal! ¿Cuándo estaría bien? ¿Una vez a la semana? Ya vas organizando tu vida.

¿Qué te parece? ¿Incorporarás nuevos hábitos a tu vida? Cuéntame cuáles, inspírame!

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Maternidad

¿Hasta dónde tenemos que esforzarnos para enseñar a nuestros hijos las normas?

¿A partir de qué edad podemos ir dándoles responsabilidades? ¿De qué manera podemos lograr que comprendan y respeten ciertos límites?

Los niños, aunque nos cueste darnos cuenta, son personas diferentes a nosotras. Tienen vida propia y aunque la responsabilidad final de su bienestar es tuya es necesario que vayamos cediendo espacio a sus decisiones.
El fin último de tu tarea como madre es que se convierta en un adulto responsable, que sabe cuidar de sí mismo, que sabe tomar buenas decisiones, y que tiene las herramientas para ser feliz también.

A veces en el día a día nos volvemos ciegas y queremos “obligar” a que los peques hagan todo lo que para nosotras deberían hacer: que esté de buen humor todo el día, que coma todo lo que le ponemos en el plato, que se lave los dientes y las manos cuando nosotras lo decimos, que haga los deberes, que recoja sus cosas, … ¿De verdad tú podrías vivir con tantas imposiciones?

Pero claro, ¿hasta dónde ceder su espacio?

Esta pregunta que parece complicada tiene fácil respuesta. Claro, fácil para mi ahora, después de leer, reflexionar, estudiar, poner en práctica y seguir estudiando. ¿Sabes que me estoy formando en la Pedagogía Blanca? Aquí te contaba lo que eso significa. Observa a tu hijo, no le pidas que haga NADA si no es de verdad importante para ti, reconoce sus logros y muéstrale lo orgullosa que estás de él.
No pretendas que aprenda algo de un día para otro, ¿cuánto tiempo llevas tú queriendo comer más sano? Pues eso.
Reflexiona un par de días y anota sólo unas cuantas cosas que te gustaría cambiar: ¿que nunca quiere lavarse las manos antes de comer? Pues anotas eso. ¿La alimentación es muy importante para ti pero realmente no tenéis problema y come normalmente bastante sano? Pues eso no lo anotes, porque NO PASA NADA porque un día no quiera comer fruta. Olvídalo, ni le des importancia, piensa a lo grande: ¿normalmente come sano y equilibrado?
Si has observado a tu hijo unos cuantos días habrás notado que tampoco son tantas cosas las que hace “mal”, elige la que más necesitas que cambie y afróntala.
Busca estrategias respetuosas para lograr el objetivo, dependiendo de su edad puedes pedirle a él que proponga soluciones, y PERSEVERA. Sabes muy bien que adquirir un nuevo hábito lleva tiempo, no pretendas que en dos días se lave las manos antes de cada comida con una sonrisa.

PACIENCIA. AMOR. RESPETO. IMAGINACIÓN.

Son la clave. Imagina que le hablas a tu mejor amiga sobre algo que tiene que cambiar, y ahora añádele un poco de magia, de sentido del humor y de juego (esas cosas tan valiosas que tienen los peques). Con esos ingredientes, no sólo puedes lograr un cambio, no sólo lo vas a hacer mientras afianzas una relación de amor y confianza con tu hijo, sino que además él no lo va a hacer por obligación sino que poco a poco lo irá haciendo por decisión propia, y eso es lo que le quedará para cuando tenga 15 años y tú no estés para “obligarle” a decir NO a las drogas, SU DECISIÓN.
¿Qué necesitas cambiar en el día a día con tu peque? Cuéntamelo en los comentarios.
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Maternidad, Postparto
¿A que sí? ¿A que lo has oído muchas veces? Pues una de esas cosas que inconscientemente se va quedando en nuestro cerebro y cuando tenemos un bebé, ¡batacazo!
– “No duerme nada”
– “Hace siestas de 10 minutos”
– “Debe de pasarle algo porque por la noche se despierta y no hay quien le vuelva a dormir”
– “¿Estará enfermo?”
– “¿Le dolerá algo?”
– “¿Será que tiene hambre?”
– “Creo que no tengo suficiente leche.”
– “Mujer, pero si te están goteando las tetas…”
– “Entonces será que mi leche no alimenta”
¿Te suena? Porque a mi muchísimo. Mira, yo no sé quién fue el listo al que se le ocurrió decir que los bebés no hacen más que comer y dormir, pero desde luego a esto hay que unirle una larga explicación porque como nos quedemos sólo con esa frase la estamos cagando pero bien.
¿Y que hay de verdad en esa frase?
  1. Pues es verdad que los bebés duermen muchas horas: un recién nacido duerme una media de 15h al día.
    • “Qué va, el mío ni de broma duerme eso. ¿Ves como le pasa algo?”. Que sí mujer, ponte a anotar un día y verás. Y sí, esos 10 minutos que se pasa con los ojos cerrados y la teta en la boca también cuentan. Es una media, los hay que duermen 12h y los hay que duermen 16h. Pero vamos, que mínimo la mitad del día se la pasan durmiendo.
    • Sin embargo, los bebés normalmente no saben despertarse y volverse a dormirse así sin más, solos en su cuna o en el cochecito. Necesitan oler a mamá, una teta en la boca, un paseíto en brazos y un murmullo. Si es que dentro del útero se dormían escuchando sonidos (tu voz, tu corazón, tu estómago…) y moviéndose (flotando en el líquido amniótico, moviéndose arriba y abajo con cada respiración de mami o balanceándose a los lados mientras tú caminabas), no pretendamos ahora que se duerman quietitos y en silencio porque no, así no funciona (al menos de momento).
Si aún dudas si tu bebé duerme lo suficiente o no, no tienes más que mirarle cuando está despierto: ¿está contento, juega, le encanta que le carguen, llora cuando tiene hambre o cuando necesita atención, como un bebé normal? Entonces probablemente no tiene ningún problema de sueño.
     2. Claro, también es verdad que los bebés se pasan al pecho gran parte del tiempo que están              despiertos. ¿Y los de biberón? Esos un poco menos, la leche de fórmula es más pesada y se digiere peor, por lo que después de un bibe se quedan un buen rato sin ganas de otro. Y porque además, como ya sabes, la teta no es sólo alimento. Es contacto, tranquilidad, amor y placer.
Al principio el sueño es muy caótico: duermen tanto de día como de noche, a veces aguantan cuatro horas y otras 10 minutos, hay tardes en que sales a pasear y se duerme y otras que o le cargas en brazos y le das teta o se pone tan irritable que aunque tiene sueño no puede dormirse.
 Pero si tu niño es un niño sano y feliz, no tiene ningún problema de sueño. Probablemente la que tengas el problema seas tú, que no puedes adaptarte al ritmo de sueño de un bebé y lo de despertarte cada dos horas en la noche te deja agotada. Es normal, es lo esperable. A pesar de que la sabiduría popular diga otra cosa. Habla con más madres, madres que tengan actualmente bebés (porque las madres con el tiempo sufrimos de amnesia selectiva, que sino se acabaría la humanidad), y verás como la mayoría de bebés son igual de caóticos respecto al sueño que el tuyo. Habrá madres que lo lleven mejor, que necesiten dormir menos, que colechen con sus hijos y apenas abran medio ojo para darles el pecho… pero los niños, casi todos estarán como el tuyo: varios despertares en la noche, siestas cortas o largas según el día y necesidad de que alguien les ayude a dormirse (ese alguien suele ser la teta de mamá).
Yo lo pasé mal con mi primer hijo, recuerdo dos meses de noches horribles, recuerdo llorar de impotencia a las 2 de la mañana. También recuerdo un puerperio en el que no estaba en mi propia casa, en que salía todas las tardes de “visita” porque mucha gente quería conocer al bebé. No echaba siestas. Y la cama era pequeña, incomodísima para colechar. Aprendí la lección. Ahora, a pesar de que cada mujer y cada niño son distintos, sé que el puerperio es sagrado, un momento en que se necesita intimidad. Porque yo me sentía fenomenal, no estaba cansada y estaba feliz de que todos conocieran al niño más precioso y amoroso del mundo. Pero no respeté el puerperio. Y, de una manera u otra, la experiencia propia y de otras madres me lo han demostrado: un puerperio sin intimidad acaba desembocando en problemas.
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Maternidad
Hoy traigo al blog una invitada de lujo, ella es Mireia Long, co-directora de la Pedagogía Blanca. Como madres, tenemos una misión fundamental en la educación de nuestros hijos, así que estoy segura que lo que te va a contar Mireia te interesará, y mucho.

¿QUÉ es Pedagogía Blanca?

La Pedagogía Blanca es una forma de educar, enseñar y acompañar a los niños en su crecimiento y su aprendizaje, que tiene como base y objetivo ofrecerles las herramientas que necesitan para desarrollar todas sus potencialidades desde el respeto a sus procesos madurativos, fomentando su curiosidad natural, su espíritu crítico y su creatividad.
Pero es más que eso, es una enseñanza también para padres y educadores que solamente al ser capaces de liberarse de sus ideas erróneas pueden recuperar la confianza en el proceso natural del aprendizaje.
Nuestro programa se desarrolla en un curso on line que abre ahora su Sexta Promoción, y que consta de diez módulos formativos en los que trabajamos aspectos sobre la psicología infantil, el aprendizaje creativo y muchos recursos y herramientas prácticas que el alumno puede poner en marcha inmediatamente. Cada uno de los módulos de la Pedagogía Blanca consta de muchos recursos: conferencias, vídeos, imprimibles, enlaces, webinars en vivo…
La formación dura seis meses con sesiones online en vivo de preguntas y respuestas cada primer y tercer jueves de mes, pero seguirás teniendo acceso al campus y al material de manera indefinida mientras lo necesites o desees.
Vamos a ofrecer un programa completo en educación: desde el cerebro y su forma de aprender hasta las corrientes pedagogías alternativas, desde la crítica al sistema escolar hasta la forma de llevar la creatividad al aula, desde la libertad de aprendizaje hasta la excelencia por medio de la potenciación de las cualidades e inteligencias personales.
Nuestro coaching en Pedagogía Blanca es un programa de formación on line pero también de autoformación, en el que el alumno se empodera de su proceso educativo y trabaja para lograr integrar la teoría en su vida diaria; sea como padre, o como maestro-educador.
El programa de este coaching de Pedagogía Blanca para padres y educadores se centra en el aprendizaje y va a dotarles, de forma personalizada, de todos los instrumentos y conocimientos para que, ellos mismos, ejerzan su labor de forma revolucionaria, con seguridad y capacidad de autocrítica.
Y además, les capacitará para ofrecer a otros estos conocimientos y técnicas, convirtiéndolos en formadores de Pedagogía Blanca en su propio campo de trabajo. Los participantes en este coaching curso en Pedagogía Blanca estarán capacitados para dar clases con nuestro sistema.
Los participantes en nuestro programa de coaching en Pedagogía Blanca recibirán una formación completa teórica y práctica que les ofrecerá una profunda comprensión del aprendizaje humano en todas sus facetas, adaptado a cada edad y características individuales de cada educando.
El proyecto de la Pedagogía Blanca comprende otros programas: conferencias de nuestras directoras, cursos presenciales de formación de monitores, talleres que ofrecen nuestros formadores y monitores para escuelas, asociaciones, AMPAS y grupos de padres y maestros y asesoramiento pedagógico para centros educativos para que puedan implementar programas inspirados en la Pedagogía Blanca.
A través de nuestra red de formadores, monitores y centros de educación y ocio infantil, la Pedagogía Blanca va llegando a todos los lugares, habiéndose ya realizado cursos en varios lugares de España además de en otros países como México, y Rumanía.
La misión de la Pedagogía Blanca es cambiar de manera efectiva y real la Educación para que responda a las necesidades auténticas de los niños y prepararlos para un futuro cambiante en el que la creatividad, la empatía y la cooperación son la verdadera clave de la excelencia.

¿QUIÉN está detrás de la PB?

Las fundadoras de Pedagogía Blanca somos Azucena Caballero y yo. Ambas hemos sido profesoras y empresarias, además de educar en casa a nuestros propios hijos hasta la vida adulta incluso. Lo que hemos querido es unir en un programa formativo lo que nosotras hubiéramos necesitado tener accesible cuando fuimos madres y sumarlo a nuestra experiencia profesional y personal, apoyándonos, además, en los mejores expertos en la educación respetuosa, que participan en el curso con más de cuarenta conferencias y talleres online.
Azucena Caballero. Co-directora y fundadora de La Pedagogía Blanca. Experta en aprendizaje creativo, adolescencia, educación disruptiva, métodos dinámicos (lapbooking, workboxes, proyectos), y edupunk. Introductora en España del Efecto Médici en Educación.
Licenciada en Geografía e Historia, profesora, conferenciante, madre homeschooler. Empresaria, coach de madres emprendedoras y experta en productividad y gestión del tiempo.
Autora de los libros: “Organiza tu hogar en 30 días”, “Mamá logra tus objetivos”, “Respuestas y reflexiones de una madre homeschooler”, “Estirando del hilo. Como crear unidades didácticas a partir del centro de interés del niño”, “Educar en casa día a día”.
Mireia Long. Co-directora y fundadora de La Pedagogía Blanca. Experta en antropología de la crianza y la educación, en pensamiento divergente, en establecer límites sin castigos y comunicación no-violenta, en aprendizaje online y cooperativo, en organización de espacios educativos y en altas capacidades.
Licenciada en Geografía e Historia, profesora, conferenciante, madre homeschooler. Ha trabajado además como periodista, publicista y actriz. Autora de los libros: “Una nueva maternidad” y “Una nueva paternidad”.

¿PARA QUIÉN es útil la PB?

La Pedagogía Blanca es, en general, un concepto de educación y crianza que busca, ante todo, el respeto por los procesos naturales e individuales de cada niño, acercándonos a él con empatía y con el apoyo de los más punteros descubrimientos en ciencia (antropología, psicología, biología y neurología) para lograr que crezca y se desarrolle como una persona segura, libre, auténtica y feliz, logrando desarrollar todo su potencial.
Específicamente es un programa de formación en el que, Azucena Caballero y yo, hemos reunido toda nuestra experiencia y conocimientos como educadoras (tanto desde el punto de vista profesional como personal) para que otras personas tengan acceso a contenidos, herramientas prácticas y base teórica con la que desarrollar ellos su labor educativa con el objetivo de acompañar respetuosamente a los niños y también, muy importante, cambiar el paradigma educativo en los hogares y en los colegios.
Nos dirigimos a cualquier persona que trabaje o viva el mundo de la infancia y la educación: maestros, padres, profesores, pedagogos y psicólogos, principalmente, pero también a cualquier persona con ganas de ayudar a los niños a ser más felices y a aprender con placer.
Hemos tenido un gran éxito estos tres años. En las cinco promociones anteriores ya son más de 200 personas las que han aprendido con nosotras y, sobre todo, están llevando a cabo cambios reales con la seguridad que han adquirido: cambios en aulas de colegios públicos y privados, cambios en sus hogares, en sus comunidades, a través de cursos y talleres que les hemos enseñado a ofrecer. Este es nuestro mayor éxito, que las personas que hacen nuestro curso disfrutan, aprenden y sobre todo, hacen lo que siempre han querido hacer.
Por eso estamos seguras que esta Sexta Promoción va a ser un éxito de nuevo. Maestros, profesores, profesionales del mundo de la infancia y la adolescencia y padres y madres que necesitan esas bases teóricas y esas herramientas prácticas se acercan a nuestros programas y nos demuestran luego que pueden, de verdad, llevar a cabo los cambios en sus ámbitos de actuación.

¿CÓMO puedo formar parte de la PB?

Nuestro curso de la Sexta Promoción de la Pedagogía Blanca está ahora abierto y las clases, completamente on line, comienzan el 19 de noviembre.
Uniéndote a la Pedagogía Blanca vas a poder participar en el programa de coaching educativo más novedoso que puedes encontrar. Participarás en un curso online de seis meses, que se desarrollará en diez módulos de noviembre de 2015 a mayo de 2016. Lo podéis realizar en esos seis meses o continuar la formación a vuestro ritmo más tiempo, pues hay una enorme flexibilidad.
En cada módulo encontréis conferencias de expertos, clases de las directoras, sesiones en directo de repaso y resolución de dudas, material de lectura y tareas que se realizan con el apoyo de las tutoras, además de acceder a un campus virtual abierto las 24 horas donde todo está grabado y disponible.
Si queréis saber más sobre la Pedagogía Blanca podéis conocernos en estos enlaces:
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Maternidad, Postparto
Muchas veces los peques se enferman, o les duele algo, y daríamos lo que fuera por poder aliviarles un poco ¿verdad? Necesiten o no tomar medicamentos sentimos que ojalá pudiéramos hacer algo más, algo con lo que confortarles, nos gustaría tener un beso mágico con el que curar todos sus males (muchas veces sí funciona ese beso).
Mi peque lleva desde ayer con dolor de barriga. Nada más. Ni diarrea, ni vómitos. Ganas de comer y jugar normales. Pero de vez en cuando, unas cuantas veces a lo largo del día: “Mami, me duele la barriga”.
No sé si será un problema gastrointestinal leve, si estará más nervioso por algo o si necesita mimos; pero no dudo ni por un instante de que realmente siente que le duele su barriga, sea cual sea la causa.
Y además sé cómo reconfortarle, sé algo que siempre funciona, que incluso él ahora que ya es un poco mayor me pide: el masaje.

¿Por qué el contacto y el masaje calman el dolor?

· El sólo hecho de tocar una parte que nos duele ya nos calma. Fíjate qué es lo primero que haces cuando te das un golpe o te duele la cabeza por ejemplo, llevarte la mano ahí ¿no es cierto? El contacto calma el dolor.
· El calor, también alivia. Al tocar o masajear una zona hacemos que aumente el riego sanguíneo de esa parte del cuerpo, lo que hace, entre otras cosas, que se eleve la temperatura corporal en esa zona. Y el calor tiene efecto analgésico.
· La reflexología es una técnica mediante la cual estimulamos zonas reflejas situadas en los pies o manos que están relacionadas con nuestros órganos internos y reequilibran el organismo.
· En el caso de las molestias gástricas podemos ayudar al tránsito intestinal masajeando en el sentido de las agujas del reloj (que es en el sentido en que los intestinos digieren los alimentos).
· La atención de mamá, el sentirse cuidado, acompañado y comprendido, creo que ese es el mayor beneficio del masaje.

¿Tengo que seguir alguna técnica concreta?

Pues no tienes por qué, pero puedes hacerlo para aumentar la eficacia. Aunque sea como sea, me remito al último punto anterior, tu masaje va a funcionar.
Puedes también incluir la aromaterapia para ayudar a calmar el dolor: un aceite o crema con aroma a lavanda, manzanilla o mandarina ayudan a conciliar el sueño, a relajarse y calman el dolor.

Masaje para aliviar molestias gástricas

· Técnica “I love you”. Lo practico con mis niños desde recién nacidos, y lo muestro a otras madres que necesitan aliviar los gases o cólicos de sus bebés. Es efectivo, y más si realmente mientras masajeas vas repitiéndote mentalmente el matra “I love you” según lo vas escribiendo con tus manos sobre su barriguita.
1.Dibujamos una “I” con nuestra mano en la parte derecha del abdomen del peque, siempre de arriba abajo, repetimos unas cuantas veces (depende del niño, si está tranquilo podemos hacer 10 repeticiones, si se mueve o parece incómodo lo dejamos en 5 o menos).
2.Después hacemos una “L” dibujando una línea horizontal en la parte de arriba del estómago de izquierda a derecha, y la misma “I” vertical en el lado derecho.
3.Por último una “U” invertida que comienza subiendo por el lado izquierdo del abdomen, trazas la horizontal, y bajas por el lado derecho.
· Técnica “Sol y Luna”. Con tu mano derecha dibujas un “sol” (círculo) siempre en el sentido de las agujas del reloj. Cuando nuestra mano derecha llegue a las 3 en punto ponemos nuestra mano izquierda en las 9 y dibujamos una media luna (semicírculo que iría desde las 9 hasta las 3 en sentido horario). Así masajeamos su barriga con las dos manos a la vez, haciendo el sol con la mano derecha y la luna con la mano izquierda.
· Reflexología podal. Masajea con las yemas de tus dedos, en el sentido de las flechas.
Pues con estos trucos de mamá vamos pasando los dolores de barriga, ¿tienes más trucos mágicos para calmar a tu peque?  
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Maternidad
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La falta de sueño es uno de los problemas principales desde que nos convertimos en madres. Ya desde el embarazo, parece que es tumbarte en la cama y tu pequeñín comenzar la fiesta ¿verdad?
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Antes de enumerarte punto por punto todo lo que puedes hacer para dormir mejor, déjame decirte que hay algo imposible, y es que por más que te empeñes no lograrás que tu niño de 11 meses duerma 8 horas seguidas. Hay algunos que lo hacen, sí, pero si el tuyo no es de esos no tengo ningún secreto para convertirlo en un lirón.
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Los bebés, cerca de los 4-6 meses suelen cambiar, poco a poco, su patrón de sueño. Probablemente hasta ese momento se despertaba cada 2-4 horas para comer (su estómago es muy muy pequeño), y no se dormía si no era succionando (pecho, biberón o chupete), y además no importa si es de día o de noche, duermen cuando están cansados y punto.
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Sí, la mala noticia es que hasta esos 4-6 meses no debes hacer nada para ayudarle a dormir mejor, porque simplemente su cerebro no está lo suficientemente maduro para hacerlo, necesita esos despertares, ese dormir a ratitos.
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Pero hay dos buenas noticias. La primera, es que un bebé hasta los 6 meses duerme aproximadamente 15 horas diarias! Sí, ahora no me puedes decir que duerme poco. Así que, sinceramente: aprovéchalas, necesitas dormir, y tienes que hacerlo cuando él está durmiendo.
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La segunda buena noticia es que el tiempo pasa volando, y a partir de los 4-6 meses los bebés comienzan a aguantar períodos más largos de sueño (aunque hasta más allá del primer año dormir más de 5 horas seguidas no es habitual), comienzan a distinguir el día de la noche y además son capaces de dormirse sin estar succionando.
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Cada bebé es diferente, y puede que a algunos les cueste un poco más alcanzar estos hitos. Si quieres, puedes ayudarle:
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  • Asegúrate de que durante el día el lugar donde duerme esté iluminado y con algo de ruido (el ruido normal que hay en una casa) para que comience a distinguir el día de la noche.
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  • Puedes comenzar con una rutina nocturna que le ayude a comprender que se acerca el momento de sueño nocturno: un baño relajante, un masaje con aceite, un cuento o una canción.
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  • La hora de dormir debería ser más bien temprano, si comienza a estar cansado a las 7 pm esa es la hora en que debería estar en la cama. Intentar aguantarlo un poco más para que al día siguiente no madrugue tanto o para que le de tiempo a jugar un poco más no suele funcionar bien: estará tan cansado que le costará más dormirse, tendrá más despertares y ambos empezaréis a asociar la hora de dormir con un momento difícil. Con lo cual, respeta sus ritmos, si llegas de trabajar a las 6pm y te da pena acostarle tan temprano cambia de hábitos: acuéstale tan temprano como lo necesite, y duerme tú también antes, así los dos podréis madrugar más al día siguiente y aprovechar la mañana para estar juntos.
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  • Si sólo se duerme succionando es buen momento para empezar a intentar que se duerma de otra manera. Puede tomar pecho o biberón en la noche, pero intenta que no se quede dormido con él en la boca. Cuando comienzas a ver que su succión es más débil, que está relajado a punto de dormirse, retírale con suavidad el pezón o la tetina a la vez que con tu dedo empujas suavemente su barbilla hacia arriba, cerrándole la boca para intentar que no siga con el reflejo de succión. Las primeras veces se enfadará y pedirá otra vez pecho, no pasa nada, vuelve a dárselo e inténtalo de nuevo cuando esté tranquilo.
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  • Durante los despertares nocturnos estate atenta a sus señales, quizá haga ruidos o se mueva y se vuelva a dormir después, quizá sólo necesite una palabra de mamá para calmarse, o sólo una caricia y vuelta a dormir. No siempre que se despierte necesitará succionar, seguro si le ofreces pecho o biberón, o chupete, esa succión será lo más efectivo y placentero para dormirle, pero si estás intentando acelerar un poquito el proceso de maduración del sueño es mejor que no sea lo primero que le ofrezcas e intentes antes otras técnicas. Siempre lo más en silencio posible, sin encender la luz y sin levantarse de la cama de ser posible.
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  • Y para finalizar: al mal tiempo buena cara. Porque probablemente hasta más allá de los dos años tengas muchas noches con despertares. No te martirices, no pienses que es el problema más horrible del mundo, todo pasa, cada día será mejor y antes de que te des cuenta tu peque dormirá toda la noche, y echarás de menos que te necesite como ahora.
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Empieza hoy mismo: si tu bebé tiene menos de 4 meses, duerme con él sus pequeñas siestas; si ya tiene más de 4 meses y necesitas un cambio a la hora de dormir vete implementando los consejos anteriores y verás poco a poco los cambios.
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Y recuerda: sonríe, relájate y sé feliz. Tu única meta como madre es tener un hijo feliz, y el ejemplo es la mejor herramienta para conseguirlo.
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¿Cómo son tus noches? Cuéntamelo en los comentarios.
 
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Maternidad
Separarte de tu bebé por primera vez no es nada fácil. Los sentimientos de tristeza, miedo y culpa se juntan y te asustas de la gran dependencia que tienes de él.
Es totalmente normal, y más habitual de lo que crees. No es que seas un bicho raro, ni una madre posesiva. No es que no confíes en las personas que le van a cuidar. Es, simplemente, el vínculo normal que te une a tu bebé, la necesidad de cuidarlo y protegerle siempre. 
La primera separación es para ambos un gran cambio, te comparto seis ideas para que lo paséis un poquito mejor:

1. No eres una mala madre por dejar a tu bebé con otras personas

Ya sean los abuelos, una cuidadora o la guardería, a veces no queda otro remedio y otras veces simplemente necesitas un rato sin bebé. Has elegido el mejor lugar para que tu bebé se sienta lo mejor posible en tu ausencia, y aunque no será lo mismo que estar con mamá siempre que haya unas ideas homogéneas en cuanto a forma de crianza, respeto, etc tu bebé estará bien.

2. Habla con la persona o personas que van a cuidarle en tu ausencia

Asegúrate que entienden y respetan la manera en que has decidido criar a tu bebé, las pautas de alimentación, el modo de dormirle y las medidas básicas de seguridad. Puede ser un trago difícil hablarlo la primera vez (sobretodo si se queda a cargo de uno de los abuelos), pero os quedaréis todos más tranquilos.

3. Alimentación

Si toma el pecho asegúrate de dejarle leche suficiente en la nevera y de explicar el modo correcto de prepararla y dársela al bebé. Si ya ha empezado a comer otros alimentos hay una norma clave que conviene recordar: NUNCA, bajo ningún concepto, debe obligar al bebé a comer.

4. Prepara a tu bebé para el momento

Que conozca a la persona con la que se va a quedar antes, al menos una vez debe estar con ambos, mamá y cuidador, para que vea que se va a quedar con una persona en que su mamá confía. Háblale también las horas o el día antes de lo que va a suceder, es mejor que no lo pille por sorpresa.

5. Despídete de él

Sí, aunque te digan que es mejor que te vayas sin que te vea para que no se quede llorando, piensa que es mejor eso a que se de cuenta que no estás de pronto, y no sepa qué está pasando ni cuándo vas a volver. Dile que te vas y que volverás, si llora puedes calmar su llanto y esperar a que esté tranquilo jugando o simplemente dejarle con su cuidadora para que ella le calme.

6. No eres una mala madre si no quieres dejarle con nadie (ni siquiera con la abuela que tanto insiste)

 Si no tienes necesidad por trabajo y tampoco sientes la necesidad de tener un tiempo para ti no hay nada de malo en que esté siempre contigo. Poco a poco y conforme pasen los meses (y años) te irás sintiendo más segura y le irás viendo más independiente, con lo que te será más sencillo dejarle.

Una reflexión final

El instinto maternal es muy poderoso. Puede que sientas que no puedes separarte de tu bebé, que aún no ha llegado el momento, que no estaréis bien lejos. Escúchate y permítete buscar alternativas, quizá puedas permitirte un mes más de excedencia en el trabajo, o una jornada reducida. Si no es posible, fíate igual de tu instinto para encontrar la persona adecuada que cuide de tu hijo: aunque por lo general siempre estarán mejor con un familiar que le cuide que en una guardería, a veces tenemos que saltarnos las normas sociales y aceptar que el abuelo, por ejemplo, no es la mejor persona para cuidarle, pero que la escuela infantil de al lado del trabajo es una muy buena opción. Déjate llevar por tus instintos, escucha también a tu bebé y permítete cambiar de idea las veces que haga falta.
¿Has encontrado la persona ideal para cuidar a tu bebé o aún no estás segura dejándole con nadie? Espero tu comentario.
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Maternidad
Mi hijo pequeño llora… mucho… A pocos días de cumplir los 2 años me sorprendo planteándome que ya no es un bebé (o sí?), y aún así llora tanto, todos los días… Llora por frustración, llora por celos, llora por mamá, por papá, llora porque no tiene palabras para expresar lo que quiere. Y yo intento hablarle, intento comprenderle, le dejo hacer todo lo que necesite (siempre que no sea peligroso), pero no es suficiente: necesita atención y comprensión total, y muchas veces no puedo estar en ese punto. Sé que el amor, la dedicación y la comprensión son las soluciones a sus llantos, pero en muchos momentos no las encuentro, no sé utilizar esas herramientas, a él no le llegan, y nos desesperamos. Muchas veces no encuentro la causa de su llanto, sé que la hay, pero no logro entenderle. Otras veces la causa está clara, pero no puedo solucionarle el problema pues es algo peligroso o un conflicto con su hermano que yo no puedo solucionar (querer lo que está utilizando su hermano, por ejemplo). Y qué hago entonces? O más bien, qué debería hacer? (no os voy a contar que a veces grito yo más que él). Pues intento re-conectar: si el contacto físico funciona genial: aúpa de mamá, mimos, canciones y teta. Si estamos en un punto de “rabieta” en que no quiere ni que le cargue, intento ponerme a su altura y mirándole a los ojos tratar de adivinar lo que le puede estar pasando o cómo debe de estar sintiéndose, y decírselo, con calma y cariño, a veces entre grito y grito (sus gritos al llorar, no los míos en este caso). Mi última arma es usar la imaginación, distraerle con algún juego, hacer un poco el payaso… Sé que esto es una fase y pasará (y me lo repito tipo mantra: “Todo pasa”), sé que en unos meses ya no habrá rabietas de este tipo, ya no estará tan irritable y podrá expresar con palabras lo que necesita. Mientras tanto, me cargo de paciencia, aprieto los dientes para no gritar, y busco a la mamá comprensiva y amorosa, que es la que necesitan mis hijos y la que quiero ser para ellos.
 
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