Lactancia

Julia me ha escrito un email, quiere dar a conocer su historia, una historia de duelo y lactancia. Donar la leche le ayudó a superar el duelo por la pérdida de su bebé, y quiere llegar a todas las mujeres que puedan encontrarse en la misma situación, para que sepan que es posible, y que puede ayudarlas a vivir su duelo.

Es una historia de alegría dentro de la tristeza, os dejo con ella:

lactancia aborto

“Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida. 

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Me provocaron el parto. Estuve en el hospital unas 24 horas. Me ofrecieron una pastilla para cortar la lactancia. Yo ya había decidido que no me la iba a tomar pero, además, a la matrona se le olvidó marcarlo en mi historial, con lo cual el enfermero ni siquiera me la dio. Sentía que era casi lo único que podía controlar, permitiendo que mi cuerpo reaccionase como necesitara.  Confieso que tenía la pequeña sospecha de que no me iba a subir la leche, al fin y al cabo no había llegado al final del embarazo y, en mi ingenuidad, creía que el cuerpo no se “iba a dar cuenta” de que había dado a luz.  

Llegué a casa y al día siguiente del parto empecé a sentir el pecho duro y caliente. Ahí estaba. Tenía que vaciarlo pero no quería tirar la leche bajo ningún concepto, ¡menos aún el calostro! Así que empecé mi pequeña odisea buscando dónde y cómo poder donarla. Me puse en contacto con una amiga que se llama Alicia López Aráez, que es enfermera y tiene una consulta de lactancia en Murcia (UMAI). Me dio varios contactos (entre ellos Lactando y La Liga de la Leche) para ver, con relativa urgencia, cómo tenía que ir almacenando la leche para que me la aceptasen luego. El tema de los botes no estaba nada claro. Había quien me recomendaba botes de cristal esterilizados en casa, otras personas me decían que era mejor hacerlo en bolsas de plástico especiales -de farmacia-, otros que en biberones… Nadie lo tenía claro. Compré botes estériles en farmacia y empecé a sacármela con el sacaleches. (Mala idea, aunque aún así finalmente me aceptaron el calostro, que lo había guardado ahí)

Lo primero que quise hacer fue donarla directamente a otra madre que no pudiera amamantar, me parecía bonito hacerlo “a la antigua” como las nodrizas o amas de cría de toda la vida. No hablo de amamantar directamente al bebé sino de congelar la leche y darla directamente a otra madre. Por lo visto hacía poco una chica había adoptado un bebé y quería darle leche materna. Esta opción al final no fue posible por varias razones.

Mientras tanto, ya había contactado con el hospital de Cartagena, punto de recogida del banco de leche materna de Granada (me enteré, con sorpresa y casi indignación, de que no hay banco de leche materna en la Región de Murcia).  Allí me proporcionaron –gratuitamente- los botes donde congelar la leche y estuve sacándola dos semanas. Después, se fue como vino, el cuerpo se dio cuenta de la trampa y dejó de producir. Yo había calculado hacerlo un par de meses o así. Cuando se cortó me dio bastante pena pero entendí que estaba bien, que así debía de ser. 

Fue una experiencia preciosa. Me ayudó mucho poder hacerlo. Siempre digo que era como entregar un regalo importantísimo que Lola había dejado en mi cuerpo, así lo viví. Me acompañó mucho durante ese primer momento tan difícil del duelo, era un poco como honrar su visita y darle sentido. Y me ponía los pelos de punta pensar en los bebés que la iban a recibir. Las dos veces que fui al hospital, con mi nevera repletita de botes, oía los llantos de los minúsculos bebés prematuros que la iban a recibir y me emocionaba. En mi experiencia, poder  donar la leche sólo tuvo efectos positivos. Siete litros en total! Mucha alegría dentro de tanta tristeza. 

Julia”

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Lactancia
LM cómo prepararse La lactancia materna es un regalo de salud para tu hijo, amamantar es un acto fisiológico sin embargo durante el embarazo a veces nos preguntamos: ¿puedo hacer algo para lograr una lactancia materna feliz?; ¿cómo me preparo?  

Conocer-te: tu cuerpo y la lactancia

El poder de la información. Lee sobre cómo el cuerpo de la mujer produce leche por sí mismo, cómo el bebé puede “ordeñar” esa leche sin ningún tipo de ayuda, cómo desde el primer momento la composición de la leche (y del calostro) es perfecta y se va adaptando a medida que tu bebé crece. Además de leer e informarte, observa tu cuerpo: tus pechos, tus pezones, las glándulas de Montgomery… Quizá ya hayas empezado a segregar algo de calostro y veas una costra amarillenta pegada a tu pezón, eso está bien (también está bien que no veas nada, todo a su momento, el cuerpo es perfecto). Toca tus pezones, siente lo sensibles que son, experimenta las sensaciones que percibes al palparlo de diferentes maneras. Hazlo sin más objetivo que sentir, no estás preparando tus pezones para amamantar porque no es necesario, ya has nacido con los pezones preparados, sólo estás re-conociendo tu perfecto y maravilloso cuerpo de mujer. lactancia materna

Aprovecharse de la experiencia de otras mujeres

Busca a otras mujeres que amamanten y pégate a ellas! Los mamíferos aprendemos por modelaje (“copiando” cómo lo hacen otros) así que durante el embarazo es el momento perfecto para acercarte a un grupo de lactancia, observar y aprender. Busca en la liga de la leche, en grupos de crianza y de lactancia. Será un aprendizaje fantástico y seguramente harás amistades que te servirán de apoyo durante todo tu postparto y crianza.  

Informarme

Sí, ya te has informado de cómo tu pecho produce leche, de cómo el bebé la ordeña, etc. Además tienes cerca otras mujeres que amamantan y ya lo has visto: mamá+pezón+bebé=lactancia feliz. ¿Qué más necesitas? Bien, necesitas saber que a veces los primeros meses para algunos bebés y mamás no son fáciles. Que la lactancia puede ser complicada, que muchas veces es fácil pero algunas hay problemas, y tienes que saber: a) qué puedes hacer para prevenir problemas; y b) qué puedes hacer si tienes problemas. ¿Dónde puedes informarte de todo eso? Ten buenos libros a mano, el contacto de los grupos de apoyo a la lactancia y la liga de la leche que te queden cerca, habla con tu matrona para saber si puedes contar con ella para apoyar tu lactancia, busca un curso o un profesional que te enseñe todo lo que necesitas.  

Preparar mi entorno

Tú estás lista, sabes cómo amamantar y qué hacer si tienes alguna complicación. Ahora, prepara tu entorno. Hay muchos condicionantes que harán que vuestra lactancia sea más o menos fácil, así que allánate el camino: asegúrate que no te separarán de tu bebé y podrás amamantarlo desde el primer momento tras el parto, que nadie le dará biberones sin preguntarte antes, asegúrate de tener a mano el contacto de un profesional que pueda ir a apoyarte en caso de que tengáis dificultades, que tu pareja y familia comprenden que para amamantar (y también para criar en general) las primeras semanas necesitarás intimidad y una red de apoyo que te cuide a ti para que tú sólo tengas que ocuparte de cuidar de tu bebé (necesitarás que alguien se ocupe de cocinar, limpiar, te apoye con otros niños y te escuche y te mime). ¿Tienes preguntas, dudas o comentarios? Escríbeme directamente a mi e-mail: cris@entrebarrigas.com  
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Embarazo, Lactancia, Maternidad, Parto, Postparto
Eres mujer, luego puedes gestar un bebé, puedes parir, puedes amamantar y puedes criar a tu hijo. PUEDES hacerlo, te lo creas o no, todo tu cuerpo está diseñado para eso.   Hay demasiados mensajes negativos entorno a la maternidad, mensajes que nos hacen creer que lo normal son las mujeres que no dilatan, o que son demasiado “estrechas” para parir a su bebé, madres que no tienen leche, o que “malcrían” a sus hijos. Nos dicen que parir duele demasiado, que somos tontas si no nos ponemos la epidural; que amamantar es demasiado “esclavo”, y que con biberones se crían muy bien. Que no lo carguemos tanto, que no durmamos con él, que le dejemos llorar, que nos está tomando el pelo…   Tápate los oídos y ESCÚCHATE. Siéntete. Tu intuición, o tu instinto, saben lo que es mejor para ti y para tu bebé.   ¡Tu cuerpo ha creado un bebé! Tus caderas se ensanchan, tu útero ha crecido asombrosamente, tus pechos han comenzado a producir leche. ¿Cómo no vas a poder parir? Por supuesto que PUEDES PARIR, y tendrás un parto maravilloso y poderoso si sigues tus instintos.   Tu cuerpo y tu alma te hablan  
  • Ninguna mujer de parto está cómoda tumbada sobre su espalda, el dolor te avisa que eso no está bien, que necesitas moverte. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Después de 9 meses juntos no quieres separarte de tu bebé, sientes cómo que te arrancaran una parte de ti, necesitas tenerlo cerca, piel con piel, en contacto permanente día y noche. ¡Sigue tu instinto!
 
  • No soportas oírle llorar, se te parte el alma y sabes que la mejor forma de calmarlo es dándole el pecho. ¡Sigue tu instinto!
 
  • Dormís mejor estando juntos. Te sientes intranquila si no sientes su respiración. Además así puedes darle el pecho sin casi despertarte. ¡Sigue tu instinto!
  A veces, es duro   El ginecólogo te dice que ya pasas las 40 semanas, que estará mejor fuera, que ya no tiene espacio. Y aunque tú sientes que todo está bien, que necesitáis un poco más de tiempo la presión y el miedo te hacen dudar.   Quieres un parto natural pero al llegar la matrona te dice que te va a doler mucho, que te lo pienses bien que luego será demasiado tarde y no te podrán poner la epidural. Que aún queda lo peor. Que vas a ser igual de buena madre, no hace falta hacerse la valiente. Y a ti te apetece llorar.   Ves a tu bebé por primera vez, es maravilloso. Sólo quieres sentirlo, mirarlo, olerlo. Estás totalmente enamorada y emocionada. No existe nada más. Y llega el pediatra, que tiene que llevárselo para valorarlo. No quieres. No quieres separarte de él. Y esta vez lo dices bien claro, pero te miran varios ojos acusadores, y viene la culpa, y otra vez tienes ganas de llorar.   Por fin en casa, por fin en intimidad, necesitas perderte con él días enteros en la cama, sólo amamantando y durmiendo, durmiendo y amamantando. “No está bien que no salgan, a ver si se va a deprimir”. “Ese niño necesita que le de el sol”. “Mejor me lo quedo yo unas horas, que tú necesitas despejarte y descansar”. “Ponlo en la cuna, le vas a aplastar”. “Cada vez que llora le das teta, eres su chupete”.   Todas esas situaciones son demasiado habituales. Rodéate de gente que piensa como tú: mujeres que han parido de manera natural, madres que dan el pecho, matronas que saben acompañar sin intervenir, pediatras respetuosos, doulas, grupos de lactancia… Busca tu tribu, créala, y ¡sigue tu instinto!  
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Lactancia, Postparto
Es un rechazo inconsciente hacia la lactancia materna. Aunque conscientemente a estas mamás les gustaría seguir amamantando a sus niños, inconscientemente surge un rechazo, una ansiedad que les impide seguir amamantando. Esto se llama agitación del amamantamiento, es bastante común en lactancias de niños de más de 1 año y, sin embargo, nadie habla de ello.

¿Qué puedo hacer si tengo agitación del amamantamiento?

Es muy importante entender por qué ya no es tan placentero dar el pecho a tu hijo y poner en marcha un plan de estrategias que te ayudarán a dejar de sentir ansiedad, y a seguir amamantando a tu hijo sin culpas, hasta que así lo decidas.

¿Por qué sucede?

Como ya he dicho, sucede a mujeres que amamantan a un niño mayor de 1 año, y a pesar de que no tenían pensado destetar por el momento, comienzan a sentir mucha ansiedad y estrés cuando su hijo mama. En muchas ocasiones esto comienza con un nuevo embarazo, o cuando das el pecho en tándem (amamantas a un bebé y a un niño más mayor al mismo tiempo), pero también hay mujeres que les pasa a pesar de no estar embarazadas ni amamantar a más de un niño. Parece que es una situación relacionada con factores hormonales, ya que empeora en ocasiones en la fase premenstrual o durante la ovulación.
Sea cual sea la causa lo cierto es que es una situación estresante que pasan muchas madres y que, aún así, parece un tema tabú del que nadie habla.
Vamos a analizarlo, a comprenderlo y a solucionarlo.
Paso a paso

1. Analizar sentimientos

Es el primer paso para comprender qué es lo que nos pasa. Poner palabras a lo que sentimos nos va a ayudar a descubrir cuándo nos pasa y qué podemos hacer para que deje de suceder.
– Es como si algo me picara por dentro y no pudiera arrascarme.
– Siento que estoy atrapada, contra mi voluntad, y sólo quiero quitar a mi niño del pecho y salir corriendo.
– Me da grima, como cuando alguien araña una pizarra, es así como me siento.
– Comienzo a sentirme muy nerviosa y agitada, y me gustaría gritar.
– Se me acelera el corazón y sé que algo dentro de mi va a explotar a la mínima, sé que dentro de poco voy a gritar a mi hijo.
(….)
Te animo a que pongas en palabras la sensación física que te produce la agitación. Este es el primer paso para solucionarlo.

2. Desculpabilízate

Lo siguiente te ayudará a sentirte mejor, necesitas dejar de sentirte culpable para poder seguir avanzando:
– No, la agitación del amamantamiento no tiene nada que ver con el vínculo que hay entre tu hijo y tú, le quieres y sigues cuidándole y amándole a pesar de estar pasando un mal momento.
– Cuando te sientas mala madre, recapacita, perdónate y vuelve a empezar de cero. Tú puedes ser cómo quieras ser.
– Lo que sientes es algo incontrolable, no puedes hacer nada para evitarlo y no tienes que seguir soportándolo. Es bueno y necesario que tomes medidas. Tu hijo también nota tu ansiedad así que cerrar los ojos y seguir sufriendo no es la solución. Agradécete a ti misma el estar haciendo el esfuerzo de investigar qué está pasando en tu cuerpo y tener la paciencia para ir solucionándolo con calma, de forma que no sea traumático para tu hijo.
– Cuando sepas qué pasa dentro de ti en esos momentos de estrés, podrá aprender a controlar los sentimientos y no dejarás que hagan daño a la relación con tus hijos.
En este punto ya sabes lo que sientes y sabes que no es tu culpa, que es algo insconsciente, salvaje, instintivo. Estás preparada para tomar acción, ha llegado el momento de abordar el problema.

3. Diario de Tomas

Necesitas crear un diario.
Ver por escrito en qué tomas se produce la agitación es básico para poder anularla. Sólo con 3 días de diario podrás comenzar a actuar.
Puedes hacerlo a modo de diario en lugar de tabla si te es más cómodo, pero es importante que anotes los conflictos para la próxima semana poder empezar a solucionarlos.

4. Analiza cuándo y cómo

Ya sabes QUÉ sientes y CUÁNDO te sucede. Así que vamos a ir al grano: analiza tu diario y escribe tres situaciones que te producen estrés y otras tres que te tranquilizan. Por ejemplo, si en estos tres días en las tomas nocturnas siempre o casi siempre sientes agitación, anota “tomas nocturnas” en tu lista de situaciones estresantes. Si cuando las tomas son estando solos y en buena postura te sientes bien y no tienes agitación, anotarás “buena postura y tranquilidad” como situación relajante.
¿Te estresan las tomas cuando son muy largas? ¿sólo las tomas nocturnas?. ¿Todo va mejor cuando estáis en casa tranquilos y en buena posición?
Tómate un tiempo para analizar lo que has escrito durante estos tres días. Tendrás una información valiosísima a tu mano. Y con esto a la mano, solucionarlo será coser y cantar. Esta parte es importantísima.

5. Tenemos un Plan

Ha llegado el momento de actuar. Vamos a trazar dos planes:
– Prevención: aquí tienes una lista de maneras de prevenir la agitación. Utiliza las que te sirvan, inventa nuevas y comparte en los comentarios, entre todas es más fácil.
  • Evita las tomas de pecho muy largas: poner la alarma del móvil es una idea buenísima, déjale que escoja la canción, pon un tiempo que consideres aceptable para ti y explícale que cuando suene tiene que dejar el pecho. Hazlo, y alucina con lo bien que funciona.
  • Autocontrol: sabes en qué circunstancias las tomas son más difíciles. Así que dite a ti misma: “ok, me estoy estresando. Voy a controlarme. Respirar. Relajarme. Pensar en positivo”.
  • Actúa contra los múltiples despertares nocturnos: sí, muy fácil decirlo. Pero si eso es lo que te produce la agitación del amamantamiento necesitas poner en marcha un plan. Puede ser turnarte con tu marido, meter a tu niño en tu cama, eliminar las siestas…
  • Identifica los problemas que te estresan y soluciónalos uno por uno: si a la hora de la siesta las tomas son muy agobiantes porque está cansado pero no se quiere dormir, no para quieto, se engancha y se suelta un montón de veces y se te hace larguísimo y con mucha agitación, empieza desde ahora a afrontar las siestas de otra manera.
  • Si te pone nerviosísima que esté jugando con tu otro pezón mientras mama, evítalo. Dale un chupete para que juegue, ponte un collar que le llame la atención…
  • Date cuenta que a veces no es la lactancia en sí lo que te hace estresar, sino el cómo te sientes tú. Si estás cansada, no has tenido tiempo de ducharte, estás hambrienta… empezarás a sentirte ansiosa cuando tu niño mame, pero no por la lactancia, sino por ti.
  • No se puede estar a la teta y saltando, jugando y bailando. ¡eso estresa a cualquiera! Los niños necesitan mucho movimiento, pero si quiere teta es momento de estar sentados y con buena postura. Díselo con amor, las veces que haga falta, pero tendrá que decidir: o jugar o tomar teta. Puede que nos toque sostener alguna rabieta, demostrándole que le queremos con locura y que entendemos que se enfade y que llore, pero que hemos puesto esa norma por un bien mayor.
  • Cuídate: no puedes cuidar de nadie si tú no estás bien. Come bien, hidrátate, duerme las horas que necesitas, haz ejercicio.
  • Negocia el tándem: si estás amamantando a tu niño y a tu bebé es hora de negociar, “cuando el bebé toma tienes que esperar. Y después podrás mamar. “ Tener a un niño en cada pecho a veces es desesperante.
– Tratamiento: ¿qué pasa si no he podido evitar esa toma que sé que me va a producir agitación del amamantamiento? ¡Necesitas bajar el nivel de estrés!
  • Distráete (métete en Facebook, juega al Candy-Crush, googlea, ven al grupo y cuéntanos, ponte unos auriculares con música…), la idea es que te olvides de que estás amamantando y el tiempo pase lo más rápido posible.
  • STOP: a veces no puedes más, necesitas que deje la teta en este mismo instante. Haz teatro: “Oh! Dios mío! La teta está cansadísima, no puede más, necesita dormir. Corre, corre, acaba rápido y trae tu muñeca para que duerma también”
  •  Mándale un whatsapp a tu amiga, esa que ay sabe lo que te pasa y te comprende. Seguramente su respuesta te animará.
  •  Cómete una onza de chocolate (mmmmmm)
  •  Cierra los ojos e imagínate en la playa, con un mojito en la mano (y sin niños!)
  • Ten a mano la foto del día que nació y mírala
Añade más ideas a estas listas. Ve poniendo en marcha las que vayan contigo. Sigue identificando tus momentos de estrés y evítalos. Estás a un paso de solucionar la agitación!
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Lactancia, Postparto
Lactancia mágica, maravillosa, vínculo de amor, disfrute para ambos… ¿Y qué pasa cuando no es así? ¿Qué pasa cuando no me apetece darle el pecho a mi bebé? ¿Cuándo mi cabeza desea seguir amamantando pero el resto de mi cuerpo lo rechaza?
Ahora, darle el pecho a mi niño es una tortura, siento un cosquilleo incontrolable por dentro, me apetece gritarle para que se aparte de mi, es casi… como si me violaran.
No estás sola querida, lo que te pasa ha pasado a muchas madres antes y les está pasando ahora mismo. Alguien incluso le ha puesto nombre: Agitación del amamantamiento.
¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué a mi, que llevo más de 12 meses de lactancia maravillosa, que deseo seguir dándole el pecho a mi niño, si estoy informada y sé que dar la teta es lo mejor, si yo quiero seguir amamantando!? No hay una respuesta sencilla: niños mayores de 1 año, un nuevo embarazo, ovulación, o síndrome premenstrual, algunos de los puntos en común.
Parece que las hormonas juegan un papel fundamental: es como si el cuerpo nos dijese que ha llegado el momento de dar un nuevo paso, como si ya hubiese llegado el momento de que nuestro cuerpo  se ocupase de ovular de nuevo para llegada la ocasión dar vida a un nuevo bebé, y, de alguna manera inconsciente y salvaje, rechazase seguir alimentando con nuestra leche a nuestro hijo, para permitir un nuevo ciclo, para dejar que se vaya de nosotras la mujer-madre y vuelva la mujer-chamana, esa que ovula, tiene la regla, disfruta del sexo y no está siempre disponible para cuidar a los demás.
Lo cierto es que esta fase pasa, las madres que han continuado amamantando a pesar de la agitación han visto como con el paso de algunos meses ésta ha desaparecido y han podido seguir dando el pecho a sus niños hasta que así lo han decidido.
Lo cierto es que es muy duro, tanto que para muchas mujeres significa el fin de la lactancia, un destete no planeado, casi obligado.
Lo cierto es que, si las mujeres hablásemos más entre nosotras, si tuviéramos un espacio donde desnudar nuestra alma y compartir sin juicios, este “problema” tendría miles de soluciones, de puntos de vista, de caminos probables para llegar a un destino tranquilo y seguro.
Soy afortunada, muchas mujeres me hablan de sus maternidades y gracias a vosotras puedo seguir aprendiendo de todo eso que los libros no hablan, de esos secretos de mujer que sólo nosotras comprendemos, y que sólo nosotras podemos llegar a descifrar. Quiero compartir contigo lo que he aprendido y así, como si estuviéramos juntas en un círculo de mujeres, como si estuviéramos reunidas compartiendo embarazos y menopausias, lactancia y menstruación, así quiero hablarte de parte de todas las mujeres que de una forma u otra han compartido conmigo.
Mi primer encuentro contigo será el próximo Lunes 11 de Enero, con el tema central “Cuando dar el pecho ya no es un placer”. Tendremos un grupo privado online para hablar sin tapujos, donde compartiré con vosotras todo lo que yo sé, y donde espero que vosotras compartáis conmigo. No importa si no eres madre o si tu niño ya no toma pecho, seguro que tienes mucho que compartir y que aprender. No importa tampoco si no puedes estar en directo ese día, el grupo seguirá abierto, y en tu e-mail recibirás toda la sabiduría por escrito.
Este es mi regalo de mujer a mujer en este 2016; déjame tus datos para poder inscribirte al círculo Sabiduría de Mujer. Lo abro de forma totalmente gratuita. Te doy mi sabiduría a cambio de la tuya, únete ahora y mensualmente abriremos nuevos temas.
 
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Lactancia
He leído muchísimas historias de destetes, he estudiado la “teoría” y he acompañado a varias mamás en el proceso. Pero todo lo que leí y aprendí no tiene comparación con lo que me removió el proceso de destete de mis hijos.
Es cuando una lo vive cuando de verdad deja huella, cuando de verdad comprendes profundamente lo que significa.
Ahora he recopilado todas estas vivencias y experiencias para ayudaros en el proceso de destete, para que si necesitáis destetar podáis hacerlo de la manera más respetuosa posible para vuestros hijos. ¿Quieres recibir el ebook en tu correo totalmente gratis? Sólo te pido a cambio que envíes un mail a cris@entrebarrigas.com con una fotografía tuya o de tu bebé. Puede ser amamantando, pero también cualquier foto bonita del embarazo, parto o primeros meses de vida de tu bebé. Tus fotografias ilustrarán artículos de Entre Barrigas, porque al fin y al cabo yo escribo para ti, y me gusta que formes parte de esto. Te regalo además mi mejor sonrisa, ¡gracias!
 
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Lactancia

África es una mujer de esas que irradian fuerza con sus palabras. Una mujer guerrera, a la que un día le dijeron que no podría tener hijos, y se lanzó a por uno con todas sus fuerzas. Y no sólo se convirtió en madre, sino que sigue amamantando a su pequeño Efrain, de 21 meses, a pesar de no haberlo llevado en su vientre.

– Hola Afri, cuéntanos: ¿quién eres? ¡Hola Cristina! Soy una mujer negra, española de nacimiento, cuyos padres eran de Guinea Ecuatorial. Estoy casada con Salvador desde  hace 7 años y somos papas de Efraín de 21 meses, al que adoptamos con 8 días de vida. Soy, además, enfermera. Aunque ahora me dedico a mi gran pasión, que es criar y disfrutar de Efraín las 24horas del día, hasta que el dinero no nos deje seguir disfrutando de  este regalazo de tiempo.

– ¿Por qué decidiste amamantar a tu hijo adoptivo? Decidí intentar iniciar el proceso de inducción de lactancia, es decir, hacer que produjese leche sin haber pasado por un embarazo previo, por varios motivos.

Primero porque siempre asocié el dar de mamar a tu hijo, como algo propio de la maternidad…qué mejor alimento que la leche materna. Y por otro lado, la idea de saber con antelación, que nuestro futuro hijo al que íbamos adoptar, probablemente se habría desarrollado en un embarazo de alto riesgo físico y emocional por estrés de la situación de su madre biológica. Y que además iba a pasar sus primeros días separado de cualquier referencia materna me hizo esforzarme por hacerle este regalo también para él, de poder consolarse con mis pechos siempre, y hasta que quisiese o lo necesitase . A parte que iba a facilitar el hecho de que se fuera creando un nuevo vinculo maternal conmigo…y por tanto un apego seguro primordial para un desarrollo psico-afectivo sano.

– ¿Qué fue lo más difícil en el proceso?

A nivel físico, sin duda el estar estimulándome con el sacaleches, al principio cada 1-2 horas durante casi 30 min cada día. Hasta que produje leche a las 3-4 semanas.  Y luego seguir estimulándome ya cada 3-4h para mantener la producción de leche hasta que nos dieron a Efraín…En total 5meses. Salia poco de casa y cuando salía, me llevaba el sacaleches a todos los lados.
La super anécdota, añadida, fue que yo iba guardando toda la leche que me iba sacando y la congelaba para Efraín, por si necesitase suplemento de leche si yo no produjese la suficiente para él. El caso es que ya no tenía más espacio y a mi asesora de lactancia, se le ocurrió la no tan descabellada idea, de hacerme donante  de leche del Banco de leche de mi ciudad. Así que imaginaos el revuelo que se montó ahí también. Era el primer caso que tenían, y muy gustosa dejé que analizasen mi leche para ver si era igual que la de otras mamas que donaban su leche estando amamantando a sus pequeños. Fue una alegría darle en los morros con los resultados  del análisis de mi leche, (que decía que era igualita a todas las leches de todas las madres que eran donantes…y que servía para todo tipo de bebes…,) a todos aquellos detractores de mi entorno que pensaban que mi leche no serviría para alimentar.
A nivel emocional, mis propios miedos y dudas de si iba a ser capaz o  no, no sólo de producir leche, si no, suficiente leche como para tener una lactancia materna completa y exclusiva. Este miedo se disipó cuando la Asesora de lactancia que me acompañó (Eloísa López – bloggera de “Una Maternidad diferente”), me dijo que en la lactancia materna, la leche como alimento era importante sólo un 10%, que el 90% restante era alimento afectivo de calma, consuelo, seguridad…apego en una palabra, que era lo más importante que le iba a proporcionar a nuestro hijo.
– Y tu entorno… ¿qué te dijo el pediatra? ¿tu familia? ¿tus amigos?
Entre los amigos fue donde tuve mas detractores…sobretodo detractoras y desanimadoras…Aunque como leímos tanto sobre la inducción y sobre la lactancia, y  además hicimos un curso sobre Empoderamiento, la verdad que se nos veía hablando y contestándoles como muy seguros, y ante eso se rendían. Con el tiempo han tenido que reconocer que fui una valiente y que viéndonos a los dos tan  felices, y lo sano y fuerte  que se ve que crece Efraín, mereció la pena.

Toda esta actitud nos sigue funcionando a la hora de defender la forma en que hemos elegido criar a Efraín (pecho a demanda, colecho, porteo, el Baby Led Weaning como forma de introducirle en la alimentación con  sólidos, el no dejarle llorar, no llevarle a guarderías hasta al menos los 3 primeros años de su infancia…) ante todo nuestro entorno.

Como no quería que nada ni nadie interfiriese en nuestra lactancia, me encargué de buscar por mi pueblo un pediatra respetuoso y que conociese bien todo sobre la lactancia y la crianza respetuosa. La encontré y le conté mi plan, con lo que ya la tuve en el bolsillo y me animó y sigue animándonos. Incluso mi doctora de cabecera también es otra fan de todo esto (siempre vigilando mi hierro y que me tomase el yodo).
Por parte de la familia la verdad que me apoyaron todos. Incluso mi suegra nos regalo un estupendo sacabuches doble eléctrico. Pero el que más me apoyó fue mi marido, que también explicaba a todo el mundo en qué consistía la inducción, incluso mejor que yo.
– Afri, ¿puedes ponerle palabras a lo primero que pensaste, que sentiste, cuando pudiste amamantar por primera vez a tu hijo ?
Cuando nada más traernos  a Efraín, vi que venía llorando desconsolado de hambre, mi instinto me decía: “ofrécele la teta ya!” y lo seguí…al ver cómo se enganchaba perfectamente, no pude más que echarme a llorar y decir que todo había merecido la pena…Nuestra historias tristes y muy duras, tanto de nosotros como de él, habían merecido la pena y tenían que haber sucedido así, para que nos encontrásemos y empezásemos una vida nueva, con un esperanzador y mejor futuro.
Y así sigue siendo hasta ahora 21 meses después. Efraín ha tomado leche materna exclusiva y completa desde ese día hasta los 7 meses, en que empezó a comer sus primeros trozos de comida sólida. Eso sí, el pecho sigue siendo su base de alimento y afecto. Y sigue pidiéndolo siempre que quiere o necesita…Y esto es un amor total. Ese momento mágico, esas caricias, esas miradas que lo dicen todo…Esa calma para los dos…no tiene precio.

También el hecho de poder comprobar cómo mi cuerpo, que es incapaz de dar la vida física biológica, es capaz de dar la vida día a día a través de producir esta leche…es también una forma de reconciliarme con mi cuerpo, como mujer.

– Te agradezco enormemente que me hayas dedicado tu tiempo. Vuestra historia forma un testimonio clarificador, que puede marcar un antes y un después en el pensamiento de muchas madres, adoptivas o no.

Gracias a ti Cris, por dejar que a través de mi más mamas, adoptivas o no, se animen a luchar por sus lactancias maternas…por ellas y por sus hijos. Que es el mejor regalo del mundo, junto con el de darles la vida.
 
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Lactancia, Postparto
Nos toca incorporarnos de nuevo a la vida laboral tras dar a luz y llegan las dudas: ¿qué hago con el pecho? ¿tengo que destetar? ¿qué va a comer cuando yo no esté?
Ante todo, saber que no hay que destetar si no quieres, puedes seguir dándole el pecho el tiempo que estés con tu bebé, y es algo muy reconfortante para ambos ya que estaréis muchas horas separados y es una buena forma de reencontrados.
En principio, un bebé mayor de 4 meses puede empezar a probar otros alimentos, y tomar leche (de tu pecho) cuando llegues del trabajo. Una buena opción es darle pecho justo antes de irte, aunque esté dormido puedes tumbarte junto a él o cogerle suavemente y acercarle al pecho sin despertarle. Y durante el tiempo que tú no estés en casa la persona encargada de cuidar al bebé le irá ofreciendo otros alimentos (siguiendo las normas básicas de introducción de alimentos en bebés), siempre sin forzar, y viendo cómo va respondiendo el bebé. En bebés menores de 4 meses o aquellos que todavía rechazan otros alimentos puedes dejarle leche que te hayas sacado el día o días anteriores. La leche de tu pecho puede tomarla con un vasito, con una cucharita o con un biberón. En última instancia si quieres, puedes también probar con leche de fórmula.
Lo más importante, y de esto tienes que aleccionar bien a la persona a cargo de tu bebé, es que nunca se fuerce a comer al niño. ¿Y si no come nada? No hay que preocuparse, hay bebés que simplemente esperan a sus mamás, es así. Lo importante es que haya una persona cariñosa y paciente cerca, que les ofrezca comida, leche, agua… y sobretodo muchos brazos, cariño y ternura. Los bebés acaban por regularse solos, y empezarán a comer tarde o temprano, mientras tanto te exprimirán cuando sí estés junto a él: seguramente habrá muchísima demanda de pecho, brazos y atención; día y noche.
Ánimo, la vuelta al trabajo es dura para ambos, pero lo superaréis.
 
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