Parto
Esa intensidad que a veces asusta, que te hace gritar y moverte. Esa intensidad que muchas llamamos dolor. Esa sensación mágica que hace que automáticamente entres en un mundo paralelo, ese “planeta parto” que nos hace perder el control.   ¿Por qué tenemos tanto miedo? ¿Te asusta el dolor? ¿Te asusta perder el control? ¿Qué es lo que necesitas controlar?   Y si sabes que sólo tienes que dejarte llevar, ¿por qué lo ves tan difícil? ¿Por qué nos preguntamos tantas veces cómo parir “bien”? ¿Es que hay una forma de parir que está mal? ¿Por qué sentimos que necesitamos prepararnos para el parto? ¿Qué pasa si no nos preparamos? ¿No pariríamos igualmente?  

…Reflexionando sobre el parto… Me encantaría leerte 🙂

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Embarazo
Sí, estás feliz porque estás (por fin!) embarazada y ¡zas! te encuentras con que de la noche a la mañana te sientes con unas ganas tremendas de vomitar. Te levantas y te da un vuelco el estómago, comes algo y te cae fatal, bebes agua y peor…. ¡SOS! Qué hago? Primero: que no cunda el pánico. Como ya sabrás es súper habitual (lo cual no quita que sea un rollo), y desaparecerán (en la mayoría de los casos, vamos a confiar) pasado el primer trimestre. Entonces: me tengo que aguantar? es normal y ya está? tengo que estar estos meses tirada del sofá a la cama y sin ganas de hacer nada? ¡pues no! podemos hacer mucho para paliar las náuseas y vómitos, empezando por remedios naturales que funcionan, y acabando, si lo natural no funcionó y me encuentro fatal, por ir al ginecólogo a que nos recete algo. Venga, primero lo natural: 1. deja en la mesilla de noche algo sólido (galletas, pan), y cómelo 15 min antes de incorporarte. 2. come despacito y poca cantidad, más vale comer muchas veces al día que darse un atracón. 3. evitamos los alimentos pesados, con muchas grasas, picantes, etc. 4. infusiones de raíz de jengibre (mano de santo), puedes tomarte 3 al día y vas a ver la mejoría. En realidad el jengibre lo puedes encontrar también en forma de caramelos y chicles, puedes añadirlo rallado a algún guiso, puedes echar un trocito en el zumo (un trocito pequeño pues tiene un sabor picante bastante fuerte). 5. descansa: si en el primer trimestre nos encontramos regular, y además estamos súper cansadas es      porque nuestro cuerpo nos está pidiendo un stop: ahora mismo dentro de nosotras miles de células se están formando, ¡estamos creando una personita a partir de un óvulo y un espermatozoide! Sí, es normal que necesitemos descansar así que permítetelo. Ya habrá tiempo de continuar con tu vida normal en los siguientes trimestres (y de desecharla para siempre a partir del parto). 6. Las nauseas también tienen (como casi todo) una parte psicológica, quizá hay una parte de ti que rechaza el embarazo? Que piensa que no es el mejor momento? Que cree que en algo va a afectar a tus otros hijos si los tienes, a tu pareja, a tu trabajo, a tu independencia…? Sacar estos sentimientos y hacerlos conscientes ayuda mucho. Ya sé que leer esto de primeras te echa para atrás, y que a fin de cuentas en casi todos los embarazos hay mil dudas y sentimientos de preocupación por una cosa u otra pero en general estás contenta con el embarazo. Sólo quiero decirte que a veces permitirte sentir ese miedo, permitirte expresar eso que te pone triste, simplemente validar esos sentimientos, a veces, resuelve las nauseas. Quizá te sirva hablarlo con tu pareja, otras veces es intentar cambiar algo en esa situación, enfrentar el sentimiento de “tengo miedo a no poder con todo sola” planificando quién va a ayudarte en el postparto; enfrentar la frustración de que no tendrás tiempo para ti o para tu trabajo planificando que a partir de los dos meses del bebé tendrás 1 hora cada dos días para ti en la que otra persona se quedará con los peques… (es un ejemplo, evidentemente el tiempo y el momento lo pones tú, pero no te olvides). Lo primero es sacarlo. Escribirlo puede ayudar: qué sentimientos de rechazo me generan este embarazo? Sin culpa, ya sé que es un embarazo deseado y que lo quieres más que a nada, pero hay sentimientos de rechazo igualmente, es normal. No es que rechaces el embarazo en sí, sino quizá todo lo que implica en cambios, las circunstancias de alrededor. Una vez que los tengas localizados, a veces simplemente por tenerlos claros en tu cabeza, ya se resuelven por sí mismos. Algunos no, algunos tendrás que trabajarlos un poco más, poner medidas, contárselo a tu pareja… Y, si todo esto no funciona, tienes muchísimo malestar, o vomitas muy a menudo, hay fármacos que el médico te puede recetar y que te harán sentir mejor. No te agobies y ¡enhorabuena por el embarazo! Tranquila, aunque no lo parezca, disfrutarás de él.
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Embarazo
Noelia, una de las embarazadas a las que acompaño y de la que muy pronto recibiré su llamada con las primeras contracciones porque está a puntito de parir, me escribió hace unos días:
 “Tenemos una perrita preciosa, Mathilda, y me considera su “ama”. Si tienes algún consejo en relación al bebé, tanto de  higiene como de hábitos, genial!!”
Me acordé de mi amiga Yesi y de su pasión por los animales y como ya ha escrito otro artículo en el blog con mucho éxito (es éste: Gatos y embarazo. Toxoplasmosis) le pedí que nos contara cómo preparar a los perritos para la llegada de un nuevo bebé.       Artículo de Yesika Hipólito, Asistente de Veterinaria en la Clínica Las Nieves de Mostoles, madre de un peque de 2 años y medio y otra peque en camino.    

“Uno de los miedos más frecuentes en embarazadas propietarias de perros es cómo se adaptará el perro a la nueva situación en casa. Si se llevará bien con el bebé, si le hará daño, si sentirá celos…

     En mi clínica tenemos la suerte de contar con Liliana Carrizo, etóloga en comportamiento canino y felino y ofrece consultas, que entre otras cuestiones, resuelve estos miedos y da las pautas adecuadas a cada caso para que todo fluya con normalidad.

     Otro profesional que os puede ayudar es un adiestrador para enseñar a vuestro perro las órdenes básicas. (sentarse, tumbarse, quieto…)

     En general podemos decir que lo principal es ponerse “manos a la obra” mientras se está embarazada repasando qué cambios habrá (horarios de paseos, barreras en casa, nuevo sitio de comer o dormir) y hacer una transición gradual.

     Es aconsejable acostumbrarle de uno en uno a los muebles y accesorios del bebé. Tras unos días, habituadle al movimiento del carrito e inclusive practicar con un muñeco lo más real posible los movimientos que realizaremos con el bebé, mecerle, cantarle, darle de mamar…

     También podéis habituarle a los sonidos, usando grabaciones de bebés llorando a volumen bajo e ir subiendo poco a poco en varios días e intentando asociarlo a un estímulo positivo como puede ser recibir una chuche.

     Pararos a pensar también en cómo habláis a vuestro perro. Si es como a un niño cambiarlo gradualmente por otro tono distinto al que usaréis con el bebé y evitaréis confundirle.

     Tenéis posibilidad de ver cómo actúa vuestro perro con otros bebés? Siempre atado y controlado para observar su actitud. Si la reacción no fuera de vuestro agrado o tiene un historial de ser gruñón, mordedor, cazador… ponte en contacto con un etólogo y te ayudará a afrontar ese cambio.

     La llegada del bebé a casa, después del parto, debe ser tranquila y respetuosa. Lo ideal sería que este momento sólo lo viviesen los que forman la familia (padre, madre, hermano si hubiese y el bebé). Teniendo estos deberes previos hechos estaréis más tranquilos cuando presentéis a estos dos miembros de la familia. Dejad que se conozcan sin retirar porque le olisquee o le lama, luego podéis lavar la zona pero ese momento en el que el perro le hace parte de su manada hay que dejar que lo vivan. También es importante evitar regañar a vuestro perro en presencia del bebé para que éste no se confunda con un estímulo negativo, sobre todo al principio.

     En mi caso particular tengo gatos pero veo muy importante que los niños sepan relacionarse con perros y tenemos apadrinado un perrito en la asociación PROA, que nos dejan ir a pasear los fines de semana. En el mismo refugio te pueden indicar cuál sería una buena opción para pasear con niños (que no tema a los niños, que no tire de la correa, etc) Perros por la calle siempre se va a encontrar y nuestra reacción ante ellos será la que aprenda nuestro hijo. La importancia de que entiendan que no todos los perros desean ser acariciados y siempre preguntar a sus propietarios si pueden acercarse a interactuar con ellos.

     Os animo a todas las embarazadas a ver crecer a vuestros hijos con un animal al que cuidar, del que podamos hacer partícipes en sus cuidados a los peques, evitando miedos y educando en valores. Disfrutaréis de sus momentos juntos y será una vida que siempre llevarán en su corazón como alguien muy especial.”

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Otros temas, Parto
Cuando llegas al hospital para el parto te sorprenderán muchas cosas, algunas buenas como darte cuenta de la suerte de que te haya tocado una matrona cariñosa o de que ese día seas la única mujer de parto, y otras por las que te entrarán ganas de salir corriendo, como que el celador se empeñe en que te sientes en una silla de ruedas para llevarte a la habitación (“señor, no ve que estoy con contracciones y que no puedo aguantar sentada?”) o que lo primero que hagan en lugar de mirarte a los ojos sea querer hacerte un tacto. Pero hoy quiero hablarte de dos rutinas concretas que detesto, que están muy instauradas en algunos centros hospitalarios, y que además pueden ser peligrosas, con lo que creo que es mejor hacerlas visibles y señalarlas.   Romper la bolsa para que el parto vaya más rápido. Es cierto que si la bolsa se rompe, o nos la rompen, las contracciones se volverán más intensas y probablemente la dilatación también avanzará más rápido. Es cierto también que, en algunos casos, cuando realmente tenemos que inducir o estimular un parto por razones de salud reales, romper la bolsa de manera artificial (amniorrexis) puede ser un método efectivo que nos ayude a conseguir que el parto comience o avance. Sin embargo no podemos olvidarnos que la mayoría de los partos no necesitan una inducción, porque siempre que bebé y mamá estén sanos lo más seguro es esperar a que el parto comience por sí solo. Y esa estimulación de parto, para que vaya más rápido, no es más que una impresión subjetiva del profesional que cree que tu parto va demasiado lento, pero ¿quién es él para ponerle tiempos a tu cuerpo? ¿Por qué no podemos dejar a un lado el reloj y mirar lo que de verdad importa? Una mujer sana dando a luz a un bebé sano NO necesita ceñirse a tiempos, cada cuerpo, cada bebé, las circunstancias de cada parto son únicas y por tanto también lo son los tiempos que cada una necesitamos para dilatar y parir a nuestro hijo. Cuando la mujer entra en la sala de dilatación, el reloj comienza a contar, comienzan los tactos vaginales cada dos horas, comienza el escribir en una gráfica el número de centímetros que dilatas para ver el avance, comienza el medir las contracciones, el que una máquina me diga si realmente son intensas (que por supuesto tú sensación es muchísimo mas fiable que los números del registro, no lo dudes), comienza el cuestionar si es suficiente con una contracción cada 7 minutos o si la matrona o ginecólogo preferiría que tuvieras una cada 4 minutos…. A una mujer de parto se le marca cuánto tiene que dilatar por hora, cuántas contracciones tiene que tener, y cuánto de intensas deben ser, cuánto tiempo puede estar con la bolsa rota, y cuántos minutos debe pasar empujando. Y como no hay más que seguir un patrón de tiempo establecido estadísticamente, no queda otra que disponer de “algo” para acelerar el parto cuando se salga de los límites establecidos. Y el “vamos a romper la bolsa para que todo vaya más rápido”, se convierte en una trampa de la cual es difícil salir (además de que tiene riesgos de los que deberían informarte): te rompen la bolsa (cronómetro puesto para que no estés demasiadas horas con la bolsa rota, no vayamos a aumentar el riesgo de infección), las contracciones comienzan a ser mucho más intensas y dolorosas (estás poniendo todo de ti para conseguir este parto natural, pero de pronto toca re-adaptarte de nuevo y muy rápidamente, porque esto duele muchísimo), parece que la frecuencia cardíaca del bebé disminuye un poco con las contracciones, ambiente de nerviosismo pero todos te dicen que no pasa nada, que todo es normal, otro tacto y ya estás de 9 cm (tan rápido que no te ha dado tiempo a entender qué está pasando ni a adaptarte a la nueva situación). Y un desenlace que, sea el que sea, probablemente te supere, porque no lo has entendido, porque no has podido adaptarte, porque todo ha sido demasiado rápido y tú has pasado de fluir con cada contracción a luchar contra ellas, porque no te quedaba otra opción.   Empezar a empujar para que el bebé vaya bajando. Del mismo modo que cuando te rompen la bolsa le están quitando a tu cuerpo la oportunidad de seguir el ritmo que tu bebé le marca, cuando te dicen que empujes, sin que tú sientas esa necesidad, te están quitando la oportunidad de seguir tu instinto, de parir a tu hijo como tu cuerpo y tu intuición te piden que lo hagas. Quizá te ha pasado alguna vez que has acudido al médico por algún dolor u otro síntoma, y su respuesta ha sido que no tienes nada, que no te pasa absolutamente nada. Y sales de allí con cara de tonta, quizá con la sensación de que eres una quejica y que has hecho perder el (valioso) tiempo al médico, o quizá sales directa a buscar otro médico porque tú sabes que es real lo que te está pasando. Lo que tú sientas es irrelevante, lo que de verdad importa son las pruebas, y si todas están dentro de los parámetros supuestamente correctos NO te pasa nada. Y con estas premisas son con las que vivimos, y si no empezamos a escucharnos de verdad, a escuchar nuestro cuerpo, no habrá cambios en la atención al parto. Nadie debe decidir por ti cuándo es el momento de empujar, quizá nunca tengas que empujar y tu bebé va a nacer igual, quizá sí sientas la necesidad de empujar mucho antes de estar dilatada completamente y está bien que lo hagas, porque lo importante es que sepas que tu cuerpo conoce exactamente lo que necesita. Eso es lo que yo quiero, que sigas a tu cuerpo, que te dejes llevar, que nadie te imponga tiempos. Desde aquí quiero ayudarte a que confíes, a que tengas apoyos e información para que en tu parto seas TÚ la que decida, tú, tu cuerpo, tu instinto, tu bebé,… pero TÚ, y no un reloj, un protocolo o un miedo ajeno a el tuyo.  
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Embarazo
woman-1209322_1920   Artículo escrito por Virginia Ceballos, es naturópata y divide su tiempo entre sus hijas, su consulta y su blog www.trucosnaturales.com     Aunque durante el embarazo nuestras defensas están a punto, hay veces que podemos coger algún resfriado o gripe. En esta época no se recomienda tomar casi ningún fármaco, ya que muchos pueden pasar a través de la placenta y perjudicar a nuestro pequeño.     Como siempre, lo mejor es prevenir. Estos son algunos consejos básicos:
  • Cuídate mucho e intenta no exponerte en lugares donde haya personas enfermas. Y si lo haces, estate atenta a las medidas de higiene.
  • Protégete del frío y toma alimentos calientes o templados, nunca fríos.
  • No te olvides de comer sano, sobre todo de comer frutas y verduras ricas en vitamina C como el escaramujo, el kiwi, la naranja y las frutas del bosque, como los arándanos o las fresas, entre otras.
  • Dentro de las plantas medicinales podemos usar varias plantas de forma puntual y en poca cantidad como el tomillo, pero en nuestro caso lo mejor es usar la cebolla.
  • La cebolla es un estupendo antibiótico natural que nos vendrá de perlas para ayudarnos tanto a prevenir como a curarnos, además, con ella se hace un estupendo jarabe para aliviar la tos que puede tomar toda la familia.
  • También podemos usar raíz de jengibre, la malva y el malvavisco, para mejorar el dolor de garganta y frenar la tos.
Os recomiendo que toméis miel, propóleo, polen y jalea real durante este periodo. Ayudarán a que estéis más fuertes y a apoyar vuestras defensas contra cualquier patógeno. Por favor, intenta que sean productos ecológicos o, al menos, conoce al productor, así sabrás que estás consumiendo un alimento medicina de verdad, bueno para ti y para tu bebé. Os dejo una receta estupenda, que os vendrá genial para las típicas patologías invernales 🙂 Jarabe de cebolla para cuidarnos en el invierno Este jarabe nos será útil, tanto en prevención como en tratamiento de catarros, gripes y enfermedades típicas del invierno. La cebolla es un antibiótico natural, por eso, nos viene de perlas. Además, ayuda a fluidificar y expulsar el exceso de moco y alivia el dolor de garganta. Ingredientes:
  • 3 cebollas.
  • 250 gr. de azúcar moreno o miel ecológica.
  • 1/2 litro de agua.
Si eres diabética o tienes que controlar tu glucemia, no puedes tomar ni miel ni azúcar, así que prueba con el sirope de ágave para hacer la receta. Elaboración:
  1. Troceamos las cebolla finamente y en pequeños pedazos,
  2. Lo echamos en una olla con el agua y el azúcar moreno necesarios.
  3. Lo dejamos hervir durante 20 minutos a fuego lento.
  4. Recordad, removed todo con una cuchara de madera, de vez en cuando, para mezclarlo bien.
  5. Pasados los 20 minutos, lo dejamos reposar durante otros 10 minutos más.
  6. Después, exprimimos bien la cebolla y lo filtramos. Otra opción es triturarlo todo y después filtrarlo con una gasa o bolsa de bebidas vegetales.
  7. Por último, el jarabe lo envasamos en botes de cristal previamente esterilizados. Mejor si tienen cierre hermético.
Para que se conserve más tiempo, guardarlo en la nevera. ¿Cuándo nos lo podemos tomar? Toma una cucharada en cuanto notes las primeras molestias del catarro o de dolor de garganta. Puedes tomar varias cucharadas al día, según lo necesites.  
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Lactancia

Julia me ha escrito un email, quiere dar a conocer su historia, una historia de duelo y lactancia. Donar la leche le ayudó a superar el duelo por la pérdida de su bebé, y quiere llegar a todas las mujeres que puedan encontrarse en la misma situación, para que sepan que es posible, y que puede ayudarlas a vivir su duelo.

Es una historia de alegría dentro de la tristeza, os dejo con ella:

lactancia aborto

“Estaba embarazada de 27 semanas cuando perdí a mi bebé. Dejé de sentir sus movimientos. Me tomé un vaso de chocolate caliente con un montonazo de azúcar para ver si reaccionaba y al seguir sin sentirlo me fui a urgencias. Allí me confirmaron que ya no tenía latido y me dijeron que tenía que dar a luz a mi bebé sin vida. 

Y sí, aunque no lo parezca, ésta historia también habla de lactancia.

Me provocaron el parto. Estuve en el hospital unas 24 horas. Me ofrecieron una pastilla para cortar la lactancia. Yo ya había decidido que no me la iba a tomar pero, además, a la matrona se le olvidó marcarlo en mi historial, con lo cual el enfermero ni siquiera me la dio. Sentía que era casi lo único que podía controlar, permitiendo que mi cuerpo reaccionase como necesitara.  Confieso que tenía la pequeña sospecha de que no me iba a subir la leche, al fin y al cabo no había llegado al final del embarazo y, en mi ingenuidad, creía que el cuerpo no se “iba a dar cuenta” de que había dado a luz.  

Llegué a casa y al día siguiente del parto empecé a sentir el pecho duro y caliente. Ahí estaba. Tenía que vaciarlo pero no quería tirar la leche bajo ningún concepto, ¡menos aún el calostro! Así que empecé mi pequeña odisea buscando dónde y cómo poder donarla. Me puse en contacto con una amiga que se llama Alicia López Aráez, que es enfermera y tiene una consulta de lactancia en Murcia (UMAI). Me dio varios contactos (entre ellos Lactando y La Liga de la Leche) para ver, con relativa urgencia, cómo tenía que ir almacenando la leche para que me la aceptasen luego. El tema de los botes no estaba nada claro. Había quien me recomendaba botes de cristal esterilizados en casa, otras personas me decían que era mejor hacerlo en bolsas de plástico especiales -de farmacia-, otros que en biberones… Nadie lo tenía claro. Compré botes estériles en farmacia y empecé a sacármela con el sacaleches. (Mala idea, aunque aún así finalmente me aceptaron el calostro, que lo había guardado ahí)

Lo primero que quise hacer fue donarla directamente a otra madre que no pudiera amamantar, me parecía bonito hacerlo “a la antigua” como las nodrizas o amas de cría de toda la vida. No hablo de amamantar directamente al bebé sino de congelar la leche y darla directamente a otra madre. Por lo visto hacía poco una chica había adoptado un bebé y quería darle leche materna. Esta opción al final no fue posible por varias razones.

Mientras tanto, ya había contactado con el hospital de Cartagena, punto de recogida del banco de leche materna de Granada (me enteré, con sorpresa y casi indignación, de que no hay banco de leche materna en la Región de Murcia).  Allí me proporcionaron –gratuitamente- los botes donde congelar la leche y estuve sacándola dos semanas. Después, se fue como vino, el cuerpo se dio cuenta de la trampa y dejó de producir. Yo había calculado hacerlo un par de meses o así. Cuando se cortó me dio bastante pena pero entendí que estaba bien, que así debía de ser. 

Fue una experiencia preciosa. Me ayudó mucho poder hacerlo. Siempre digo que era como entregar un regalo importantísimo que Lola había dejado en mi cuerpo, así lo viví. Me acompañó mucho durante ese primer momento tan difícil del duelo, era un poco como honrar su visita y darle sentido. Y me ponía los pelos de punta pensar en los bebés que la iban a recibir. Las dos veces que fui al hospital, con mi nevera repletita de botes, oía los llantos de los minúsculos bebés prematuros que la iban a recibir y me emocionaba. En mi experiencia, poder  donar la leche sólo tuvo efectos positivos. Siete litros en total! Mucha alegría dentro de tanta tristeza. 

Julia”

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Parto
parto natural  

Parto Natural, Parto Respetado, Parto Humanizado.

Cuando una mujer quiere parir de manera natural está confiando en su cuerpo, está demostrando(se) que ella tiene todo lo necesario para parir a su bebé.

No está diciendo que quiera parir con dolor, sino que es consciente de que cualquier intervención médica pone en riesgo su salud y la de su bebé. Por eso se informa, por eso busca un profesional que le pueda ofrecer métodos naturales para aliviar el dolor, porque quiere el parto más seguro para su bebé, y ese es el parto natural.

Una mujer que quiere un parto natural necesita tiempo para prepararse precisamente porque tiene que informarse y conocer las intervenciones médicas más usuales en los hospitales, tiene que justificar y justificarse por qué va a optar por una vía natural o alternativa, y tiene además que comprender todos los aspectos físicos y emocionales que engloba un parto natural, para poder enfrentarlo con fortaleza, ahora que ya no vemos a mujeres cercanas parir para poder aprender de su experiencia.

 

Quién promueve el parto natural

En los hospitales no se promueve el parto natural porque no hay matronas suficientes para atenderlos, porque no hay tiempo, porque se ejerce una medicina defensiva en la que cuanto antes esté el bebé fuera y “a salvo”, antes se acaba el riesgo de que “algo pase”. Por eso las mujeres nos preparamos para tener un parto natural, no porque nuestro cuerpo no sepa parir (claro que sabe, igual que pudo gestar a un bebé sin ayuda de nadie), sino porque tenemos que defender nuestro parto.

 
  • De la oxitocina sintética que nos produce un dolor insoportable.
  • De estar tumbadas sin poder movernos.
  • De una epidural que nos deje sin sensibilidad.
  • De la episiotomía que nos produce dolor e incontinencia, con suerte durante unos días, a veces durante años.
  • De un kristeller que empuje a nuestro bebé y dañe nuestro útero.
  • De la falta de sostén y de apoyo, reduciendo el parto a sólo un acto físico del cuerpo.
 

De todo eso tenemos que protegernos las mujeres cuando vamos a parir. Porque eso, todos esos supuestos de ahí arriba, son para la mayoría de hospitales el resultado de un parto normal, con un bebé y una mujer sana. Pero no, todo eso hace mucho daño, no sólo daño físico, daño emocional, espiritual.

Por eso un parto natural es mejor, porque no sólo importa que el bebé y su madre estén sanos (físicamente) sino que dar a luz engloba mucho más, hay mucho más en juego para que esa madre y ese bebé puedan comenzar una relación saludable. Y sí, esas contracciones, esos gritos y gemidos, esos movimientos y pujos, esa sensación de no poder más pero salir fortalecida y orgullosa minutos después cuando tienes a tu bebé sobre ti, todo eso es necesario.

Gestar, parir, amamantar y criar. Podemos hacerlo. Lucha por tu parto natural.

 
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Maternidad

Laia_xs

Hoy escribe para nosotras Laia Simón, madre de cinco criaturas y creadora del proyecto Nunnutit.

Laia es maestra desde hace más de 10 años, y la maternidad despertó en ella otras vías de conexión con las familias. La necesidad que tenemos de conectar con otras madres hizo ampliar sus horizontes y ver a las personas más allá del ámbito escolar. También es asesora de porteo y se está formando como asesora continuum.

Aquí tienes su artículo, disfrútalo!:

Cada vez más, hay familias que deciden llevar a sus hij@s en un portabebés. La información sobre los beneficios que supone para nuestro bebé estar cerca de mamá o cuestiones prácticas como tener las manos libres, nos hace tomar la decisión de llevarlo encima.

  Si tú eres una de estas personas y has decidido portear a tu bebé, es posible que te hayas preguntado en algún momento si llevar a tu hij@ afecta a la salud de tu cuerpo. La respuesta es sí. Y también voy a decirte que portear supone un impacto sobre la estructura de tu cuerpo y no siempre está recomendado.  

Recuerdo que cuando empecé a portear a mi primer hijo la gente me decía que me iba a fastidiar la espalda. De hecho, me lo continúan diciendo ahora que me ven portear a mi hijo pequeño de dos años. Las primeras veces que me hacían un cometario de este tipo, solía ponerme a la defensiva. Por aquel entonces no era habitual ver a una madre portear, y menos con un pañuelo. Muchas veces me sentía cuestionada por hacerlo, así que mis respuestas iban encaminadas a intentar que aquello que yo hacía no pudiera ir acompañado de ningún inconveniente. De este modo, siempre defendía que, el porteo, ni malcriaba a mi hijo, ni me daba calor en verano y, ni mucho menos, me provocaba dolores o problemas de espada.

El caso es que, realmente, desde que empecé a portear, los dolores de espalda que yo normalmente tenía, fueron desapareciendo. Pero el motivo no fue el hecho de portear o no a mi hijo. Al menos, no directamente. Pero eso es otra historia.

 

Y es que el porteo sí que afecta a nuestro cuerpo. Por eso, es muy importante saber cómo debemos portear correctamente y, sobretodo, saber si nuestro cuerpo está en condiciones para hacerlo y de qué manera podemos minimizar el impacto que tiene llevar a nuestro bebé a cuestas. Y para ello os voy a dar tres razones por las que debes mimar tu cuerpo y cuidarlo mientras porteas.

porteo laia 2 Razón 1:

Estás llevando un peso extra

 

Tu bebé pesa, y ese peso irá en aumento. Además, se añade al que ya soporta tu estructura ósea. Es como si te estuvieras engordando lo que engorda tu bebé. Seguramente sabrás que cuando un traumatólogo diagnostica algún problema en articulaciones, por ejemplo, una de las indicaciones que suele dar es bajar de peso, entre otras cosas. Si para que nuestra estructura ósea no se resienta tanto se pide bajar de peso, es obvio que aumentar el peso que soporta tu cuerpo puede ser un problema para tu cuerpo.

¿Siempre? No. De hecho, la persona que portea desde el nacimiento del bebé, va aumentando el peso que soporta de forma progresiva a medida que el bebé crece, por lo que su cuerpo, sus músculos, van adaptándose poco a poco. No es lo mismo aumentar cada mes medio kilo que 10kg de un día para otro. En ese sentido, hay diferencia entre empezar a portear a nuestro bebé desde el nacimiento que empezar a llevarlo a nuestra espalda durante excursiones de dos horas cuando ya tiene 2 años.

El caso es que hay que tener en cuenta cómo está tu cuerpo cuando empiezas a portear. Si hay patologías o problemas que indiquen que soportar ese peso pueda ser un problema, habrá que analizar la situación para saber cómo portear, en qué condiciones… También hay que tener en cuenta cómo es el bebé, pues no es lo mismo un recién nacido que un niño de dos años de 18 kg.

  Razón 2:

El porteo es hiperpresivo

Una de las partes que menos cuidamos las mujeres es nuestro suelo pélvico. Después de un embarazo, la faja abdominal que sostiene parte de nuestros órganos internos está muy “dada”. Durante 9 meses se ha ido distendiendo para dar espacio al bebé que crecía dentro.

Recuperar la normalidad de la musculatura de esa zona requiere tiempo, dedicación y cuidados. El porteo no ayuda, al contrario.

Como ya hemos comentado, el porteo implica añadir peso a nuestro cuerpo, y eso genera una presión extra sobre nuestro suelo pélvico. Pero no sólo eso. Tenemos que añadir que la mayoría de portabebés que se usan, envuelven nuestra cintura, lo que añade más presión a la zona.

Entonces que hacemos, ¿no porteamos?

Se puede portear, pero lo importante es cómo, y para ello hay que tener varios factores en cuenta. Entre otros aspectos, hay que tener en cuenta cómo fue tu parto, cómo se encuentra tu suelo pélvico, si has tenido cesárea, qué actividad vas a hacer durante el día, cómo es tu bebé… Y también es importante saber qué portabebés usar y cómo.

porteolaia   Razón 3:

Tú cuerpo es sabio y te avisa

Cuidar tu cuerpo implica ser consciente de cómo es. Tu colocación y tu consciencia corporal, te van a ayudar a identificar cómo te sientes, cómo te notas, que tensiones percibes y si hay dolor.

Saber escuchar a tu cuerpo es tan o más importante que los beneficios que pueda obtener tu bebé al ser porteado. Los beneficios del contacto pueden obtenerse sin ser porteados, pero fastidiar tu cuerpo puede hacer que te impida estar con tu bebé en brazos menos tiempo del que podrías si te cuidaras.

Cuando nos convertimos en madres, con frecuencia pasamos a ser un segundo plano de nuestras prioridades. Y eso no debería ser así siempre. Es cierto que el bebé requiere atención, pero nosotras también la merecemos. En ese sentido, dedicarnos un poco de tiempo al día para escucharnos, para cuidarnos… nos va a permitir estar en mejores condiciones para atender a nuestro pequeñ@.

   

Por todo esto que hemos comentado, es importante que, si vas a portear a tu bebé, te informes. Asesórate bien de todas las opciones que tienes para asegurarte de que el porteo que vas a practicar sea respetuoso y ergonómico, no sólo para el bebé, sino también para tu cuerpo.

 
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Parto

Embarazo

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Los últimos días, o semanas, del embarazo todo cambia. Físicamente, anímicamente e incluso espiritualmente.

 
Cansancio, piernas hinchadas, dolor, cérvix abriéndose.
 
Miedo, emoción, estrés, “ya no puedo más”.
 

Limbo entre mi vida actual, ésta que conozco, y mi nueva vida: estoy naciendo como madre, transformándome en una persona nueva.

 

Esta fase es real, entran en juego niveles hormonales diferentes a los que que hemos sentido el resto del embarazo, es un paso previo al parto y, como tal, hay que pasarlo y te aconsejo que lo sientas, que no quieras que pase rápido, que lo tengas presente y aproveches las enseñanzas que te proporcionan esta nueva etapa. Oxitocina, relaxina, prolactina, cortisol… recorren ahora tu cuerpo en distintas cantidades proporcionándote nuevas sensaciones.

 

A pesar de que lo tienes todo listo y preparado, toca un tiempo de espera. Puede que no sea deseado, pero es necesario. Cuando sientes ese cansancio y estrés típico de los últimos días antes del parto significa que has entrado en esta nueva fase de “espera”. Y está bien que la identifiques como lo que es: una nueva fase en tu embarazo, que durará unos días (que a veces se transforman en alguna semana que se hace eterna) y puedes aceptarla en lugar de resistirte a ella.

 

Puedes sentir esta nueva etapa, pensar en ella, puedes escribir cómo te sientes, gritarlo cuando estés sola en casa. Date espacio a solas si lo necesitas, organiza salidas y reuniones si necesitas distraerte, disfruta de las últimas horas de tu vida conocida. Date permiso para seguir tus instintos, para hacer lo que te pida el cuerpo.

 

Sabemos identificar muy bien la parte física de estos últimos días: dolor en la pelvis, vejiga “aplastada”, pies hinchados, pezones sensibles, y una barriga enorme que hace que ponerse los zapatos sea toda una aventura. Pero no alcanzamos a comprender la vulnerabilidad que las mujeres sentimos en esta etapa. Por eso es un tiempo tan complicado y confuso. Pero lo comprendamos o no, es una fase diferente a nivel físico y emocional, y es una fase necesaria antes del nacimiento.

 

El nacimiento de un bebé, de una madre, es un viaje que necesita tiempo y espacio de preparación. Nuestras células, nuestra mente y nuestras hormonas lo saben y se preparan para ello, seamos o no conscientes. Si no reconocemos esta fase como real podemos sentirnos tentadas a no pasar por ella: una inducción da una falsa sensación de control. No estamos acostumbradas a esperar sin hacer nada, tenemos miedo, nos falta confianza. Pero esta fase de espera es real y necesaria. Tranquila.

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Parto
El agua provoca que muchas mujeres se sientan más confiadas en seguir sus instintos, más independientes a la hora de responsabilizarse de su parto y más capaces de fluir con las contracciones. ¿Si has tenido un mal día, estás muy cansada o necesitas desconectar un baño caliente te parece una buena idea? Entonces puedes probarlo también durante el parto. Es simple: el agua nos hace sentir mejor. Nos devuelve la energía, y parece que se lleva el estrés e incluso el dolor.  

¿Qué significa parir en el agua?

Es tan simple como suena: una bañera con agua caliente y una mujer que da a luz a su bebé dentro del agua. Algunas veces puedes sentirte cómoda durante la dilatación dentro del agua y necesitar salir de la bañera cuando tu bebé va a nacer. Esta opción también es perfecta. Durante la dilatación, estar relajada ayuda a tu cuerpo a segregar las hormonas del parto. parto en agua

Beneficios del Agua en el Parto:

  • El agua calma el dolor
  • Es más difícil interferir en el proceso natural del parto si estás dentro del agua: tú te sientes en más intimidad y la persona que te asista también intervendrá menos.
  • Crea una atmósfera de protección, hace que te relajes y te olvides del exterior.
  • Te permite ponerte en las posiciones que el cuerpo te pida para parir: te sientes más confortable poniéndote de rodillas o a cuatro patas dentro del agua que fuera, donde puedes sentirte más vulnerable o más “expuesta”.
  • Reduce al mínimo el riesgo de episiotomía (sí, nadie podrá hacerte una episiotomía dentro del agua :p)
  • El agua caliente ayuda a que los tejidos se dilaten, y puede facilitar una salida más lenta del bebé, con lo que también reduce el riesgo de desgarro.
  • Te sientes más capaz de recoger a tu bebé por ti misma
  • El contacto piel con piel es inmediato: tu instinto te hace abrazar al bebé.
 

¿Cuándo usar el agua en el parto?

Hay estudios que encuentran que entrar en el agua ANTES de entrar en la fase de parto activo puede enlentecer el proceso de parto. Por eso puede ser aconsejable esperar a que realmente las contracciones sean regulares e intensas. Si la bolsa está rota PUEDES seguir con el trabajo de parto en el agua. Si tienes Streptococo B (+) PUEDES parir en el agua.
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